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Relatos
El detective. Confesiones de un investigador privado por GGG
Era una de esas noches de verano en las que no aguanta ni dios en la ciudad. Se
acercaba rápidamente la hora de la medianoche y la lectura de la temperatura
indicaba 98 grados (fahrenheit: unos 37 grados centígrados) en el reloj del
banco. La humedad convertía cualquier trozo de tela seca en un trapo sudoroso.
Era en estas condiciones idóneas en las que dirigí mis prismáticos hacia la
ventana del comedor de un apartamento del segundo piso.
Había seguido a un hombre negro bien vestido hasta el apartamento donde se
disponía a cenar con una pelirroja que parecía ser la dueña. La chica parecía
reírse con todo lo que le decía. Este tío era un seductor habitual. Saqué una
foto de la conversación y dejé que mi mente vagara hasta un encuentro anterior
de esa misma noche.
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No había tenido ningún cliente en toda la semana. De todas formas no era
desconocida para mí una mala racha semejante. Hice una última llamada a un
antiguo cliente para ver si tenía algún asunto que investigar del que necesitara
que me ocupase. Después de unos veinte minutos de palique terminó con, "Lo
siento, Frank. De verdad que no tengo nada para ti en estos momentos."
Mientras colgaba el teléfono escuché unos golpes en la puerta. Grité, "está
abierta." Decir que entró una mujer sería subestimar el acontecimiento. He
trabajado para montones de mujeres en mis días de detective, pero nunca había
puesto los ojos en una dama como ésta. Rezumaba sexualidad por cada poro de su
piel tersa y oscura. Sus macizas caderas ondulaban atrás y adelante dentro de
una especie de ajustado traje de oficina, mientras tomaba asiento frente a mi
escritorio. Cruzó las piernas de una manera que era obvio que perseguía un
objetivo, mientras yo me inclinaba hacia delante sobre la mesa para conseguir
mejor vista. Sus rodillas redondeadas sobresalían hacia delante por una raja
corta de su falda. La acentuada curvatura de sus pantorrillas era un reflejo de
las curvas más pronunciadas de su cuerpo. Sus piernas exquisitas estaban
embutidas en medias blancas de seda, y un zapato colgaba precipitadamente de los
dedos de su bonito pie izquierdo. Tomé nota de toda esta visión en un rápido
barrido con los ojos. "Nunca eches miradas lascivas a una cliente." Era una
buena regla con la que vivir.
Tenía la mirada perdida en los dos ojos negros azabache cuando la oí preguntar,
"¿Es usted Mr. Chase?"
"Casi todos los días."
Por su rostro se extendió una sonrisa angelical mientras decía, "Creo que conoce
a un colaborador mío, Ronnie Moore."
"Sí, he trabajado alguna vez para Ron."
"Bien, él me dijo que podría ayudarme. ¿Está dispuesto a escuchar mi historia?
Seré todo lo breve que pueda."
"Tómese todo el tiempo que desee, señora."
"Yo era la típica niña de gueto, de una familia rota. No tenía intención de
seguir allí y empecé a colocarme en el camino de los hombres influyentes desde
que cumplí los 18. Sobre todo bares, gimnasios, ese tipo de sitios. En un
estudio de aerobic, hace quince años, conocí a un hombre de una de las familias
negras más ricas de la ciudad, el clan McLemore. Le eché el ojo a Bernard, y
antes de que pasara un año estábamos casados. Supongo que le quería de alguna
manera, pero siempre le había visto como un medio para conseguir la vida que
quería. Me colocó en la universidad y en la escuela de económicas, y me permitió
trabajar como agente de bolsa en Helgesen-Smith.
"Todo iba según mi plan. Desde el principio se me permitió controlar las
finanzas de Bern, con gran alivio de su familia. Es un derrochador y su familia
se estaba cansando de aumentarle la paga mensual. Le asigné un presupuesto
ajustado, y utilicé el sobrante de su asignación en distintos mercados. Tomé
precauciones para asegurarme de que Bern y su familia no se enteraran de ninguna
de estas actividades inversoras. Los muy bastardos me habían hecho firmar un
contrato prematrimonial antes de la boda, de modo que esta era la forma de
llevarme mi parte."
"Recientemente saqué una buena tajada de una inversión y estoy buscando poner
fin a este matrimonio. Sé que Bern me ha estado engañando, pero puesto que nunca
ha sido muy buen amante, lo he ignorado y me he centrado en mi trabajo."
En este punto hizo una pausa, para que pudiera participar en la conversación.
"Así que aquí está usted para contratarme para que encuentre una prueba de la
infidelidad de Bernie."
Volvió a sonreírme e inspiró ligeramente, haciendo que su amplio pecho se
expandiera aún más, mientras replicaba, "Eres un chico bastante guapo para ser
blanco."
"Señora, han pasado más de veinte años desde los tiempos en que se referían a mí
como un chico."
"Bueno, Mr. Chase, también yo soy demasiado joven para que se refieran a mí como
señora. Si te voy a contratar será mejor que me llames Chantell, o Chan, o
Channie como diminutivo."
"Bien, Miss Chantell. Me encantará trabajar para ti, y puedes llamarme Frank."
Pagó mi anticipo en metálico y me dijo donde podía esperarse que me pusiera
sobre la pista de Bern. Explicó que regularmente hacía el turno de noche en
Helgesen-Smith, controlando los mercados de reservas asiáticos durante las altas
horas de la noche. Siguió, "Salgo de mi turno a las 4 de la madrugada. Si has
terminado el seguimiento de Bernard sobre esa hora no me importaría recibir un
informe preliminar. Me pasaré por este edificio y si veo que tienes la luz
encendida me pararé, ¿vale?"
"Sí, probablemente estaré aquí," murmuré mientras salía por la puerta meneando
su increíble culo.
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Estaba reflexionando cariñosamente en su estrecha cintura, su llamativa nariz,
sus labios gruesos naturales, y sus excitantes pies cuando con el rabillo del
ojo vi un destello luminoso. Me incorporé rápidamente y comprobé que Bernard y
su amante zanahoria se estaban yendo a otra habitación. Agarré la cámara y eché
a correr hacia el edificio. Mientras lo rodeaba encontré una terraza frente a
una habitación iluminada. Gateé por el costado del edificio y aterricé
sigilosamente sobre el suelo de la cubierta. Dejé escapar un suspiro de alivio
cuando observé que las cortinas de las puertas del patio estaban abiertas un par
de pulgadas. Saqué un micrófono direccional y lo apunté hacia la cama y activé
la minigrabadora que tenía en el bolsillo. Me agaché junto a las puertas de
cristal con la cámara apoyada en las rodillas y me dispuse a disfrutar del
espectáculo.
Bernard estaba sentado en la cama, desnudo, acariciando su delgado chisme de
cinco pulgadas (12,5 cm), mientras su hermosa novia hacía un lento striptease
delante de él. Durante su sensual baile prestaba mucha atención a su clítoris.
Empezó acariciándoselo con la palma de la mano a través de las bragas. Para
cuando se hubo quitado el par de medias oscuras ya había tenido dos orgasmos,
según mis cuentas.
El pelo rojo le caía sobre los hombros. Su piel era de un blanco lechoso con
llamativos lunares rojos en los muslos y el vientre. Parecía tener alrededor de
veinte años. Tenía algo de 'grasa de bebé' (baby fat) residual que le daba una
curvatura extra a sus tetas y caderas. Sus aureolas eran anchas y rosadas y
mantenía sus pezones erectos con una mano mientras la otra estaba ocupada en su
clítoris. Un rostro redondo y suave, iluminado por ojos verde esmeralda. Tenía
que tratarse de un hermoso y joven polvo blanco, que Bernard podía encontrar
apropiado en cualquier sitio; pero el por qué andaba buscando porquerías cuando
ya tenía una espléndida esposa que quitaba el hipo era algo que no podía
entender.
Le había tomado dos fotos cuando Bernie gruñó, "Ah, mierda, ya me ha vuelto a
pasar."
La chica abrió los ojos saliendo de su ensueño y se acercó a la cama. "Oh
querido, ¿te has vuelto a correr antes de tiempo?"
Bernard masculló, "Sí, Sheila. Tu baile es demasiado erótico para mí. Supongo
que tendremos que ir directamente a follar a partir de ahora."
"No te preocupes, cariñín, lo limpiaré como hago siempre. ¡Sabes que me encanta
el sabor de la crema de tu polla!"
Se puso a lamerle la polla en toda su longitud. Se tomó mucho tiempo en limpiar
la eyaculación prematura de Bern. Jugó con su filamentosa corrida con la lengua
y los labios durante al menos cinco minutos. Tenía una lengua
extraordinariamente larga y habilidosa. No lo habría creído si no lo hubiera
visto, pero se enrollaba totalmente alrededor de la picha de Bern, lo que era
una proeza incluso para el tamaño relativamente pequeño de su polla. Finalmente
terminó de meterse en la boca las gotas de corrida que quedaban con un lento y
perezoso remolino de la lengua alrededor de sus labios. Tragó ruidosamente y
luego dio un par de tirones con la mano a la polla de Bern para volver a ponerla
totalmente erecta.
"Jesús, Sheila, eres una muchachita de mucho talento."
Ella le pasó las manos alrededor del cuello y se acercó para besarle, "Gracias,
Bernie."
La separó y replicó, "Sabes que odio ese diminutivo, y también sabes que no te
beso después de una mamada."
Ella bajó la mirada y dijo, "Lo siento."
"Me parece que me apetece hacerlo al estilo perro esta noche, date la vuelta."
Se subió a la cama a cuatro patas y le volvió a mirar con aquellos increíbles
ojos verdes. Él comentó, "Uau, tu coño está tan húmedo como una fuente." No
pareció tener mucho problema en metérsela en la vagina. Una vez toda dentro
respiró a fondo y dijo, "Dios, tu coño sienta de maravilla."
"Oh, tu gran polla encaja tan bien en mi chocho de fulana. Fóllame como el gran
papaíto negro que eres. Trátame como a una perra."
Bernard agarró un puñado de su pelo y le echó la cabeza hacia atrás. "Cierra el
pico, Sheila. Sabes que no me gusta ese lenguaje de fulana ni lo de perra y
papaíto. Si vas a hablar, habla como una muchachita dulce. Eso me pone más."
Aunque Bernie estaba obviamente molesto resultaba evidente por la expresión del
rostro de Sheila que a ella le gustaba el brusco tirón de pelo. Inmediatamente
se bajó la mano por el vientre hasta el clítoris mientras el volvía a bombearla
desde atrás. Ella dejó escapar unos maullidos contra la almohada mientras
alcanzaba un nuevo orgasmo.
A Bernard le llevó unos cinco minutos conseguir volver a correrse. Pero esta vez
pareció estar satisfecho con su aguante. La polla se le quedó flácida a los
pocos segundos de sacársela. Se dejó caer de espaldas mientras ella se
arrastraba buscando su abrazo.
Casi se me olvida hacer más fotografías. Justo antes de sus respectivos orgasmos
les hice algunas fotos más. Estaba fastidiado por no haber hecho fotos de su
anterior trabajo con la lengua, pero razoné que de todas formas esas no serían
las mejores fotos para enseñárselas a Miss Chantell McLemore. Había aprendido
que cuando se enfrenta a los clientes con la evidencia de la infidelidad de la
pareja era mejor no calentarles la cabeza con las escenas sexuales más gráficas.
El pálido cuerpo de Sheila resultaba muy incitante. Desde mi ventajosa situación
podía ver que su entrepierna goteaba todo clase de fluidos. Se enzarzaron en una
charleta sin sentido y luego finalmente él se vistió para marcharse. Regresé a
toda prisa a mi coche. Bernard salió del edificio y le seguí hasta casa. La luz
de su dormitorio se encendió fugazmente y luego se apagó.
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Hecho mi trabajo por esa noche, me planteé si olvidarme de Miss McLemore y
descansar un poco. Podría informarla por la mañana. Pero recordé su imagen y
tres horas no parecían ser un tiempo de espera desmesurado. Me acerqué a uno de
mis bares preferidos para tomar alguna copa antes de que cerraran. Hal, el
encargado, lo mantenía abierto a menudo hasta tarde, así que podría perder dos
de las horas charlando con él.
Hal estaba ocupado con algún otro cliente cuando entré, así que le pedí a la
camarera unos dardos y una pinta de Guinness y me dirigí al tablero de los
dardos. Había lanzado un par de rondas al tablero cuando una voz que me resultó
familiar dijo, "Realmente sabes como acertar en la diana."
Me volví para mirar de frente al par de ojos verdes más excitantes que nunca
había visto. Casi se me escapa "¡Sheila!", pero afortunadamente recuperé el
sentido común y respondí, "Hola".
Una sonrisa se extendió entre sus labios largos, finos y rojos, para poner al
descubierto dos filas perfectas de dientes blancos. La llamativa yuxtaposición
de verde, rojo y blanco alrededor de su rostro me produjo un instante de mareo.
Me recuperé mientras decía, "Bueno, hola también para ti. Estaba sentada en el
apartado y me sorprendió que pudieras acertar tres veces seguidas en el centro.
Los hombres con los que acabo nunca tienen tanto tino ni tanta precisión."
Me aclaré la voz y la miré de arriba abajo por primera vez, observando que había
embutido su cuerpo en un ceñido vestido negro que no ocultaba la parte superior
de sus medias. En un intento de hacerme el gracioso respondí, "¿Te refieres a
los dardos o a alguna otra cosa?"
Siguió sonriendo e ignoró mi agudeza. "¿Me enseñarás a lanzarlos?"
Mientras lo decía pestañeó una vez. Intenté recuperarme del hechizo replicando,
"Me gustaría, pero si entra la poli seguro que me detienen por contribuir al
delito de una menor, ¿no crees?"
Fingió una expresión herida levantando el labio inferior, "¿Crees que no tengo
21 años?"
"Supongo que si Hal te deja entrar tendrás la edad. Venga. Ponte en la línea y
te enseñaré algunas técnicas buenas." Su rostro se iluminó visiblemente ante el
comentario, mientras cogía los dardos y pasaba por delante de mí para ponerse
ante el tablero.
Estaba mirando su espalda y mis ojos se entretuvieron un poco en su culo de
melocotón cuando comentó, "¿Cuándo podemos empezar?"
Me pilló mirándola y me sonrojé mientras decía "Inmediatamente."
"¡Qué rico! Si te has puesto rojo. Es agradable ver un hombre adulto que todavía
puede sonrojarse."
Me puse a su lado y empecé a enseñarle cuales son los buenos movimientos hacia
el tablero de brazos y muñecas, pero ella se puso delante de mí diciendo,
"Enséñamelo así. Será más fácil verlo si estás detrás de mí." Calculé que sin
sus tacones de tres pulgadas (7,5 cm) debía medir unos 5 pies y 5 pulgadas (como
1,65 m).
La altura adicional provocaba que su adorable trasero se apretara contra mi
entrepierna, mientras intentaba concentrarme en sujetarle el brazo y enseñarla a
lanzar. Lanzó los tres dardos, fue al tablero a recogerlos y luego volvió a
arrimarse contra el creciente bulto de mis pantalones. Mientras le explicaba
como debería cambiar el movimiento del brazo me interrumpió diciendo, "Sabes, la
humedad es tremenda. Nadie puede evitar sudar con este calor."
Me di cuenta de que no me había duchado ni cambiado la ropa en toda la noche.
Tenía que haberle olido a demonios. Lentamente se dio la vuelta y me miró con
una sonrisa pícara, continuando, "Algunas mujeres encuentran repugnante el
sudor, pero a mi me encanta el olor a sudor de un cuerpo bien hecho."
"Realmente no te interesa aprender nada de dardos, ¿verdad?"
"Bueno, me interesa saber si puedes mantener tu puntería y precisión en otras
cosas que no sean los dardos," dijo mientras levantaba una ceja.
"Sabes, soy lo bastante mayor como para ser - este, um - tu hermano mayor."
Inclinó su boca cerca de mi oído y me susurró, "Bueno, yo soy lo bastante mayor
para follarte realmente bien, gran hermano."
Mi polla, enredada en los calzoncillos, se puso dura como una roca a partir de
ese momento. Pareció sentir mi incomodidad y echó un vistazo al bulto de mi
entrepierna. Capté la señal, la tomé de la mano y salimos. En cuanto pasamos por
la puerta se giró, me pasó los brazos alrededor del cuello y apretó su boca
contra la mía. Hubo un momento en que nuestros labios se exploraron mutuamente
antes de que su lengua entrara en acción. 'Su lengua', pensé para mí. Acababa de
ver aquella lengua excitante y larga realizar algunos actos impresionantes hacía
apenas una hora. Ahora me estaba volviendo loco explorando cada grieta y cavidad
de mi boca. Rompí el beso y la mantuve separada con los brazos. Se sorprendió y
preguntó, "¿Cómo te llamas?"
Yo estaba aún más sorprendido, pero contesté, "¡Frank! Frank Chase."
"Yo soy Sheila Conaghan. ¿Quieres venir a mi casa o prefieres hacerlo aquí en el
aparcamiento?"
Seguía mirándola embobado, así que me agarró la mano y me llevó a su coche. En
cuanto nos sentamos me pasó la mano y me desabrochó los pantalones. La ayudé a
bajármelos, y cuando me sacó la picha de los calzoncillos, la liberación de la
opresión fue un alivio tal que todo lo que pude hacer fue suspirar.
Al mismo tiempo dijo entrecortadamente, "Por fin, una polla grande para variar.
Esto si que será un verdadero reto." Me besó los huevos y me miró. "Frank,
puesto que no has contestado a mi pregunta tengo que elegir, y mi elección es
hacerlo en parte aquí en el aparcamiento y luego llevarte a casa y acabar
contigo allí. ¿Algo que objetar?"
No estaba seguro de si mi expresión atontada y mi pérdida de voz la excitaba o
la inhibía, pero dado que estaba teniendo bastante suerte con ella hasta ahora
me limité a responder, "¡uh uh!"
Me sonrió mientras deslizaba su larga lengua a lo largo de mi polla,
deteniéndose a chasquearla sobre el extremo adornado con jugo preseminal. "No
vamos a ir a ninguna parte hasta que esta bonita picha gorda suelte su crema de
polla en mi boca."
Aspiró una gran bocanada de aire y luego se metió toda la longitud de mi pene
por la garganta abajo con una rápida bajada de la cabeza. Su boca y su garganta
parecían tan calientes como un reactor nuclear. Me eché hacia atrás y disfruté
el lance, mientras ella giraba los labios alrededor de la base de mi polla. Su
nariz estaba enterrada entre los rizos de mi vello púbico. Luego cambió de ritmo
y serpenteó su admirable lengua entre los labios, pasando la base de mi polla y
me lamió los huevos. Estaba a punto de explotar cuando recordé sus palabras
sobre encontrar un hombre con precisión y concentración. Me mordí el labio de
abajo y aparté mis pensamientos del orgasmo y apenas pude contenerlo. Estaba
gozando de la mejor mamada de toda mi vida, cuando me di cuenta de que se había
metido a fondo en la garganta mis 8 pulgadas (20 cm) hacía más de un minuto. La
agarré del pelo y le retiré la cabeza de mi polla. Se incorporó y empezó a
toser.
"Dios mío, podías haber muerto asfixiada."
Tosió una vez más y replicó, "Que va, puedo aguantar la respiración hasta casi
dos minutos." Me miraba con un nuevo brillo en los ojos, y recordé la expresión
de su cara cuando Bernard le tiró del pelo. Claramente disfrutaba con un poco de
rudeza en el sexo.
Decidí que ya estaba bien de actuar silenciosamente y cambié de táctica. "Eres
una putilla asquerosa. ¿Cuánto va costarme esto sucia zorrilla?"
Podía asegurar que este nuevo giro la estaba excitando. "Me tendrás que llenar
la boca de corrida al menos una vez." Bajó la cabeza y empezó a aplicarme el
maravilloso tratamiento externo con la lengua mientras me estrujaba los huevos
con una mano y me meneaba la base de la polla con la otra.
Como tenía ocupadas las dos manos y sabiendo lo que le gustaba la estimulación
del clítoris metí la mano bajo su falda y sentí su coño rapado. "¡Jodida puta
asquerosa! ¡No llevas bragas!" Esto la excitó aún más y meneó el coño bajo mi
mano hasta que su adorable y pequeño clítoris estuvo pillado entre dos de mis
dedos. Empecé a trabajarle el clítoris, mientras insertaba uno de mis dedos en
su túnel del amor. Su chocho estaba tan húmedo como la noche, húmeda y caliente.
Seguí con ello mientras empezaba a llevarme hasta el borde con su lengua y sus
labios.
Justo cuando pensaba que ya no podría aguantar más retiró la cabeza de mi polla
y soltó un grito que helaba la sangre, antes de que pudiera taparle la boca con
mi otra mano. Yo estaba casi temblando antes de apartar la mano. Su respiración
era entrecortada y comprendí que había sido solo su reacción orgásmica a mi
trabajo manual. Un par de tíos salieron corriendo del bar. Me deslicé por debajo
de ella en el lado de conductor y la empujé al asiento opuesto. Ella estaba
todavía medio aturdida y golpeó la puerta con la cabeza. Le agarré la cabeza por
las dos mejillas y grité, "Tu alarido nos ha causado muchos problemas. Vámonos
de aquí. ¿Dónde están las llaves, chocho estúpido?"
Buscó su bolso y me pasó las llaves diciendo, "Sheila."
Mientras arrancaba el motor repliqué, "¿Qué?"
Me miró y dijo, "Sheila. Puedes llamarme Sheila. No tienes que llamarme 'chocho
estúpido' camino de mi casa."
No sabía si se le había disparado algún interruptor sexual pero me comporté con
precaución con el diálogo a partir de aquí. Mientras salíamos del aparcamiento
pregunté, "¿Dónde vives, Sheila?"
En los Apartamentos Westchester. ¿Sabes dónde están?"
"Sí, creo que sí," respondí, fingiendo dudas.
Se quedó tranquila durante el viaje, pero cuando llegamos al edificio de los
apartamentos se volvió hacia mí con una expresión inocente en los ojos. "Siento
la escena de allí. A veces entro en situaciones sexuales nuevas y me pierdo.
Quiero decir que quería medio gritar, medio gemir, pero debo haber perdido el
control con las sensaciones sexuales subiendo y bajando por mi médula."
"Olvídalo, muñeca. Me ocurre cada noche."
Se le iluminó la cara y preguntó, "Entonces ¿entrarás conmigo?"
"Intenta detenerme."
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Miré el reloj y comprobé que eran las 2:30 de la madrugada. Consideré brevemente
el aspecto ético de hacérmelo con la novia del marido de mi cliente, pero lo
deseché rápidamente mientras miraba su cuerpo una vez más.
Me tomó la mano con firmeza mientras me llevaba a su apartamento. Una vez dentro
la tiré bruscamente en el sofá y empecé a quitarme los pantalones. Sus ojos se
abrieron como platos mientras susurraba, "No me fastidies. No quiero que nada me
distraiga cuando chupe toda la crema de esas grandes 10 pulgadas (25 cm)."
Me reí. "Dudo sinceramente que esta cosa tenga diez pulgadas, pero estás
haciendo maravillas por mi ego, pequeña Sheila."
Sonrió. Obviamente había escuchado antes el juego afectuoso hecho con su nombre
(N. del T.: debe tratarse de un juego de palabras sobre el nombre en inglés que
no consigo captar). Mantuvo las manos tras la espalda mientras yo avanzaba y le
restregaba la polla por la cara. Tenía los ojos cerrados mientras lo hacía y de
vez en cuando chasqueaba la lengua cuando le pasaba por la boca. Susurré, "Dime
cuanto la deseas, Sheila."
"La deseo de tan mala manera que me duele el chocho. Por favor, déjame que te la
chupe Mr. Chase. Te prometo que la trataré realmente bien. Estoy tan loca por tu
polla que haré cualquier cosa. Incluso puedes follarte mi ojete virgen, pero
déjame chuparla hasta que chorree. ¡Por favor, por favor, por favor!"
Mientras suplicaba empezaron a formársele lágrimas en los ojos, y me di cuenta
de que probablemente fuera algún tipo de adicta sexual o ninfómana o algo por el
estilo. Coloqué la cabeza de mi polla contra sus labios y abrió la boca para
tomar solo la punta. Levantó la vista hacia mí, las lágrimas contrastaban con el
verde de sus ojos. Solo esta escena casi me hace soltar la carga en aquel
preciso instante. Me volví a morder el labio mientras observaba como una gruesa
lágrima se escapaba de su ojo y bajaba rodando por su mejilla. Luego miró hacia
abajo y se concentró en proporcionarme una de las mejores mamadas que he
recibido nunca.
Sus manos me trabajaron los huevos y la base de la polla, mientras los labios y
la lengua se arremolinaban de arriba abajo a lo largo de mi polla. Cuando llegó
a la punta empujó la boca hasta el fondo, hasta que le cosquilleó en las
amígdalas. Luego la sacó, me miró a los ojos y repitió el proceso. Perdí la
cuenta después de diez ciclos y varios minutos después me dejé ir. Pudo sentir
que estaba a punto de correrme y apretó con fuerza la base de mi picha. Esto
retuvo el flujo durante un breve instante mientras deslizaba la punta de mi
polla en su boca. Luego me enganchó con fuerza por los huevos con la otra mano y
con un grito de dolor solté el primer chorro de semen de mi polla. La vi
tragarse el primer chorro y retirar la boca de la polla. La segunda ráfaga saltó
desde el extremo de mi polla y se estrelló contra su boca y su nariz. Volvió a
chasquear la lengua sobre la cabeza y sin más preámbulos dejé salir dos chorros
más de corrida que aterrizaron sucesivamente en su carrillo y su frente mientras
ella apuntaba hacia arriba con mi polla. Le envié una última ráfaga a los
pliegues de su adorable pelo rojo.
Me dejé caer junto a ella en el sofá, y se puso a limpiar toda la corrida de mi
polla y su cara. Al levantar la cabeza para mirarme retiré de su pelo con los
dedos el último ribete de corrida que ella lamió también. Me sonrió tímidamente
y dudó. Me di cuenta de que no estaba segura de besarme, así que la agarré de la
cintura y la besé con entusiasmo. Respondió adecuadamente y se retorció en mi
regazo apretando su entrepierna desnuda contra mi polla recién limpia que de
nuevo empezaba a levantarse. Su boca sabía a mi corrida, pero no me importó. La
sensación de sentir su lengua en la boca era demasiado para prescindir de ello.
Finalmente terminamos el beso y le quité el vestido mientras ella me quitaba la
camisa. De repente fui muy consciente de mi olor rancio, pero parecía estar tan
metida en ello que me estaba lamiendo el sudor de mi pecho y mi estómago.
Parecía ser una experta folladora. Le gustaba el rollo rudo, le gustaba el rollo
tierno, le gustaba el hablar malsonante, le gustaba hacer de sumisa. Esta era
una joven excitantemente sexual. La tomé cuidadosamente y la llevé a su
dormitorio y la tumbé en la cama. Sus ojos no se apartaron de mí mientras iba
encendiendo las muchas velas que rodeaban la habitación. Estaba ya totalmente
erecto cuando le devolví la mirada. Pensaba en lo que había dicho de su ojete
virgen, y me preguntaba como abordarlo porque nunca había tenido la oportunidad
de darle por el culo a una mujer.
Cuando me acerqué a la cama llevó las manos a mi polla. La agarré de las muñecas
y tiré con fuerza de ellas. Abrió mucho los ojos que parecían emitir fuego.
Gritó, "No me hagas daño, polla grande violadora."
Ahora me tocó a mí sorprenderme, pero seguí con mi plan y la empujé de espaldas
sobre la cama mientras hundía la cabeza entre sus muslos. Ataqué su clítoris con
la lengua durante unos segundos antes de que empezara a tener convulsiones. Me
detuve, pero ella recuperó el aliento y me dijo que todo iba bien. Seguí
lamiéndole el clítoris mientras me la trabajaba con dos dedos en su prieto
agujerito. Dejó escapar una serie casi continua de gemidos mientras le aplicaba
mi mejor comida de chocho. Movía la lengua constantemente arriba y abajo por su
raja, deteniéndome a atormentarle los labios con los dientes, y también haciendo
pausas para besarle su fruncido ojete. Trabajé con un dedo su apretado tapón
para aflojarlo un poco mientras seguía trabajándole el clítoris con la lengua.
Esto la llevó a la cima y se puso a medio gemir, medio gritar mientras se
desataba su orgasmo. Lamí ansiosamente todo lo que goteaba de su chocho y un
escalofrío final le recorrió el cuerpo. Empecé de nuevo cuando me agarró del
pelo y me dijo que parara.
"No puedo soportarlo dos veces seguidas. Creo que me moriría."
Capté la indirecta y subí por su cuerpo, deteniéndome a chuparle los rosados
pezones por primera vez. Tenía los pechos redondeados y parecían afectarles
positivamente mis atenciones sin colocarla en ninguna vía orgásmica. Seguí mi
camino ascendente y llegué a su bonita cara. Bajo los ojos se habían formado
unos semicírculos oscuros. Parecía exhausta, pero consiguió mover los labios
hasta mi oído y susurrarme, "Fóllame el chocho, Frank. Fóllame con esa enorme
polla tuya." Sabiendo que estaba completamente lubrificada le metí la polla en
el coño. Con todo lo húmeda que estaba pude sentir mucha resistencia interna, y
alguna externa, cuando la empujé por su tracto vaginal.
Ella dejó escapar otro suspiro entrecortado, quejoso, "¡Oh, dios mío! Tu polla
es tan gorda que me está frotando el clítoris." Empecé a retirarla, pero ella
gritó, "¡Vuelve a metérmela, Frank! Haz que me corra otra vez."
Empecé a bombear, al principio lentamente pero luego aumentando la velocidad.
Sus piernas se cruzaban por detrás de mi trasero y me levanté sobre los brazos
para poder ver mejor su cara y sus tetas. Sus ojos aparentaban un terror salvaje
mientras incrementaba el ritmo de mis embestidas. Un largo gemido se escapó de
sus labios y respondí con mi propio gemido. Los ojos se le pusieron vidriosos
mientras empezaba a golpear incontroladamente mi pecho con sus puños. El ritmo
con el que mi polla aporreaba su clítoris era tan fuerte que la lanzó al orgasmo
una vez más. Cerró los ojos y, esta vez, se quedó sin voz. Volvió a tener
espasmos de un tipo que me asustó, y me detuve. Finalmente cesaron sus
convulsiones y me coloqué a su lado, con la polla dura todavía dentro de su
coño. Abrió los ojos y empezaron a correrle las lágrimas por las mejillas. Yo no
sabía que hacer, y empecé a acariciarla y a decirle con mi voz más relajante,
"Todo va bien, cariño. No llores. Todo irá bien." Empezaba a dudar de que fuera
la ninfómana del tipo rudo y duro que previamente pensé que era.
Se echó a reír detrás de las lágrimas, lo que me hizo reír también a mí. Era
como si adivinara mis pensamientos cuando dijo, "Está bien. Sigo siendo la
fulana dura de roer que conociste en el bar. Solo que nunca antes había tenido
un orgasmo continuado como éste. Gracias, Frank, follador magistral."
"De nada, Sheila, pequeña ninfómana suculenta."
Esto la excitó aún más y los dos nos reímos un buen rato. Finalmente se
desenganchó de mi erección con un último gruñido. Se dio la vuelta y se puso a
cuatro patas y dijo, "Un trato es un trato. Dije que el precio por follarme era
la boca llena de corrida y has pagado adecuadamente. Me preguntaste cuanto
deseaba tu morcilla y te ofrecí mi último agujero virgen. Frank, ¿quieres meter
ese rompechochos en mi agujero de la mierda? Siempre pago mis deudas."
"Dios, que asquerosamente mal hablada eres, cachondona. Puedes apostar que te
follaré ese precioso culo que tienes. ¿Quieres que sea delicado o prefieres que
sea rudo?"
Esta pregunta la pilló por sorpresa y se lo pensó a fondo un instante antes de
lloriquear, "Por favor, sé delicado. Nunca he tenido nada metido ahí, excepto tu
dedo ahora mismo, y estoy un poco asustada."
Agité la cabeza pensativo, "Esta zorra tiene un comportamiento de loca. Calor y
Frío. Dominante y Sumisa." Me coloqué entre los carrillos de su redondeado culo
y empecé besándole su ojete fruncido. Se puso tensa pero después de lamerla y
escupirle todo alrededor lo aflojó lo suficiente para meter parcialmente la
lengua en el canal anal. Nunca había llegado tan lejos dentro del culo de una
mujer pero no me sentía a disgusto. El sabor era un poco amargo, pero sabiendo
que mi polla me seguiría pronto estaba muy excitado por todo. Le metí un dedo y
luego dos dentro. Se retorció en mi mano y parecía estar especialmente
estimulada por todo aquello. Una vez que me pareció que estaba adecuadamente
lubrificada me puse de rodillas y empujé mi picha una vez más dentro de su coño
para lubrificarla. Esto la sorprendió y dejó escapar un gruñido sostenido. La
saqué y coloqué la cabeza de mi polla contra su húmedo ojete.
"¿Estás segura de que quieres que mi herramienta suba por tu cagadero, pequeña
Sheila?"
Esta vez fui yo el sorprendido cuando se apretó contra mi polla. Su recto y mi
picha estaban tan ajustados que los dos respiramos entrecortadamente cuando
desaparecieron las primeras 3 pulgadas (7,5 cm). Metí y saqué la punta de mi
polla por su ano hasta que entró casi hasta el fondo. Los dos gruñimos
ruidosamente cuando finalmente ella empujó su trasero completamente contra mi
estómago. Lo ceñido de su ojete le sentaba maravillosamente a mi polla y sabía
que no aguantaría mucho, cuando empecé con el movimiento de bombeo consistente.
Sheila empezó a chillar, "Ou, ou, me duele. Tu polla me hace daño."
Me detuve bruscamente y pregunté, "¿Quieres que te la saque?"
Chilló, "¡Ni se te ocurra follamadres! ¡Sigue bombeando mi agujero, Frank!"
Volví a mi tarea y susurré, "Nunca me follé a mi madre."
Me oyó y dijo, "Eso que se perdió."
Le respondí con una palmada en el culo y ella pegó un respingo. Al final su
ojete se relajó hasta el punto de que podía bombear con facilidad y rapidez
dentro y fuera de su culo. La provoqué retirando de su agujero toda mi polla
salvo la punta y luego empujándola con cierta ferocidad. Esta acción pareció
cambiar las cosas para ella.
"No tenía ni idea de cómo sería esto. ¡Es maravilloso!"
Empezó a gemir y a gritar contra la almohada, mientras seguía follándole el
culo. Podía sentir que las paredes de su chocho empezaban a contraerse cuando
cayó en otro poderoso orgasmo. Esta acción hizo que su ano se contrajera además
y me lanzó más allá del límite. Grité ruidosamente y liberé mi esperma hacia su
colon. Sintió mi orgasmo y levantó la cabeza para gritar, "Córrete en mi culo,
Frank. Córrete y córrete y córrete..." Su voz se apagó en una serie de gemidos.
Mi polla estuvo en erupción lo que pareció una hora. El agarre como de tornillo
de su recto parecía prolongar mi orgasmo. Ella parecía casi inconsciente tras su
cuarto orgasmo de la noche (quiero decir conmigo).
Me quedé exhausto y me dejé caer sobre su espalda. Cuando cesó el bombeo su
ojete se contrajo alrededor de mi polla todavía dura. No estaba seguro de si
estaría lo suficientemente flácida para sacársela del culo. Susurró, "Nunca
antes había tenido un orgasmo sin estimulación del clítoris. Fue increíble."
Le canté una pequeña nana al oído, lo que pareció cambiar su actitud una vez
más. Se desenganchó de mi polla y se metió en mis brazos como si fuera un niño.
Cuando terminé la canción me pidió que la cantara de nuevo. La complací y
enseguida se quedó dormida en mis brazos. Me puse a trazar círculos alrededor
del lunar rojo de su muslo, ausente.
No puedo dormir inmediatamente después del sexo. Aunque esté muy cansado, el
periodo postcoito siempre supone un cansancio de un tipo extra. Para mí es como
intentar dormir con una sobredosis de cafeína. Dejé que Sheila durmiera mientras
mi mente empezaba a vagar. De repente me di cuenta de que había prometido
informar a mi cliente. ¿Cómo se llamaba? ¡No podía creer que hubiera olvidado su
nombre!
Me escapé del abrazo de Sheila y la arropé entre las mantas. Cogí mi reloj y
marcaba las 3 de la madrugada. Me llevaría al menos diez minutos correr hasta mi
coche, en el bar, y otros quince llegar a la oficina. Me vestí deprisa, pero se
me cayó el cinturón haciendo ruido contra el suelo en el proceso. Sheila se
despertó y adormilada me llamó. Estaba realmente volado y casi fuera, pero volví
al dormitorio y me senté en la cama a su lado.
"¿Adónde vas tan deprisa?"
"Me iba. Le prometí a alguien que nos encontraríamos esta mañana temprano."
"¿Así que no puedo prepararte el desayuno o extraer un zumo matinal de tu
instrumento?"
Meneé la cabeza y la besé en los labios. Me agarró por la camiseta después del
beso y me pidió, "¿Puedes volver después de tu reunión?"
Mi cabeza estaba nadando. Dije, "puede ser..."
A lo que replicó, "¡Bien!" Toma la llave de mi apartamento y vuelve. Si todavía
estoy durmiendo quiero que me despiertes con una lamida de coño realmente
buena."
Mi respuesta fue mirarla sorprendido, y ella preguntó, "¿Lo prometes?"
La representación mental de despertarla comiéndomela se me hizo muy vívida.
Murmuré, "de acuerdo".
Se volvió a hundir en la cama con una sonrisa soñadora y seguro que estaba
dormida cuando dejé el apartamento.
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Cuando escapé del apartamento, me puse a trote corto hacia el bar. La
temperatura finalmente estaba empezando a bajar y la brisa estaba empezando a
fluir hacia la isla desde la bahía. Tras algo de concentración recordé que el
nombre de mi cliente era Chantell McLemore. Mi mente lentamente empezaba a
rellenar los detalles de la persona que eran importantes. La Srta. McLemore
parecía casi lo opuesto de la astuta Sheila con la que acababa de follar. Tenía
aspecto sombrío. Era una profesional seria. Era inteligente y rica. Y lo que era
quizá la diferencia más importante: era más mayor y más prudente. No era una
mujer que debiera subestimarse.
Llegué a mi coche y continué con mis procesos mentales camino de la oficina. Me
había puesto definitivamente en situación precaria con respecto a mi cliente.
Montándomelo con Sheila había interferido con los asuntos de Chantell, en vez de
ser un observador objetivo de los acontecimientos, como requería la
profesionalidad. Así que tenía dos opciones. Una, podía admitirle que me había
envuelto en el asunto y recomendarle algún otro sabueso; o dos, podía intentar
ocultar que me había envuelto y esperar que ella no se diese cuenta.
Considerando mi mermada cuenta bancaria, la opción uno no parecía muy atractiva
por el momento.
Eran las 4 apenas cuando lo dejé en el aparcamiento trasero. Razoné que si su
turno era hasta las 4 no estaría lista en al menos otros diez minutos. Corrí
escaleras arriba y encendí la luz. Tras otros cinco minutos pensando llegué a la
conclusión de que ella tenía demasiada clase para confiar en una mierda infiel
como yo, como su detective. Le daría mi informe completo, ajustaría la cuenta
con ella, y le contaría mi forma accidental de liarme con Sheila. Quién sabe,
tal vez se apiadara de mí y me mantuviera en el caso, a pesar de todo.
La llamada a la puerta llegó cinco minutos antes de lo que esperaba. Fui a la
puerta y la abrí. Chantell llevaba al brazo la chaqueta del traje y los dos
botones superiores de su blusa desabrochados. Parecía como si hubiera tenido una
noche dura en el trabajo.
"Entre Srta. McLem... esto, quiero decir Chantell."
Una sonrisa se dibujó en su cara mientras extendía la mano, "Encantada de volver
a verle Frank."
"¿Le gustaría sentarse en el sofá mejor que en el despacho?"
"Me encantaría si no le importa que me quite este calzado. Los pies me están
matando. Estuve de pie toda la noche porque las conexiones de nuestro ordenador
con Hong Kong se cayeron y me vi obligada a usar nuestros teléfonos con
descuento internacional desde el hall para hacer desde allí nuestros negocios."
"No me importa en absoluto," y mientras lo decía se acercó y puso una mano en mi
hombro mientras doblaba una pierna y se quitaba el zapato de un pie. Luego puso
la otra mano en mi otro hombro para librarse del otro zapato. Cuando terminó me
estaba dando la cara directamente y pude juzgar que era todavía una estatua de 5
pies 8 pulgadas (1,70 m) aún estando sobre los pies desnudos. No usaba ningún
perfume perceptible, pero obviamente usaba algún tipo de jabón o loción que
tenía un olor muy natural.
Cuando bajé la mirada a su cara sonrió y dijo, "Gracias."
Tomó asiento en un extremo del sofá y estiró sus largas piernas curvilíneas. Me
senté en el extremo opuesto, y ella dobló las rodillas ligeramente para que sus
pies, con calcetines blancos, no pudieran tocar mi muslo. Su apariencia informal
en el sofá presentaba un atractivo aún más pronunciado para mí. Me concentré
mentalmente y empecé mi informe. Además de su apariencia, su aire parecía
también muy informal. Aquí estaba yo informando de los aspectos básicos de la
infidelidad de su marido y parecía no importarle en absoluto. No podía ayudarla
pero noté que parecía estar respirando fuerte conscientemente. La elevación y
caída de su pecho extendiéndose hacia fuera desde su blusa estaba sometiendo a
mucho esfuerzo a mi visión periférica. Cuando terminaba mi informe movió
sutilmente su pie contra mi muslo, y meneó con rapidez y ocasionalmente sus
dedos. Esto se convirtió en una puesta en marcha para mí lo que, como
consecuencia, era en un problema considerando la restricción del creciente
instrumento dentro de mis calzoncillos.
"... y esto es más o menos el resumen de lo que ocurrió con su marido la noche
pasada, Channie."
Al oír su diminutivo miró hacia arriba y sonrió de nuevo. "Tengo las fotos en
negativo, y puedo hacerlas revelar por un amigo fotógrafo de mi confianza. Puedo
tener las fotos junto con el informe escrito para ti para el fin de semana, pero
puedes querer algo más de vigilancia antes de ir a los abogados divorcistas con
todo esto."
Plegó su pierna izquierda debajo de ella y empezó a darse masaje en su pie
cubierto por el calcetín. Al rato respondió, "Si, pienso que estás en lo cierto
Frank. Creo que necesitaremos espiarlos más en Berna."
"Discúlpame por interrumpirte, pero ¿te gustaría que te diera masaje en los
pies, Chan?"
"¡Oh dios! Esperaba que captases la señal, Frank. Pero sólo si no es una
molestia. ¿No te resultará desagradable o algo así, verdad?
"No, no, en absoluto. Siempre he disfrutado dando y recibiendo masajes. He
estado sentado en el coche toda la noche, de modo que seguramente no los
necesito para mí mismo, pero siempre estoy a disposición de un amigo que lo
necesite." Me despojé de mis propias botas y me volví de cara a ella en el sofá.
Deslizó su atractivo pie derecho en mis manos mientras estiraba la pierna
izquierda hasta que su pie izquierdo quedó extendido entre mis piernas.
Realmente no podía creer lo que estaba ocurriendo, pero mantuve la compostura y
empecé a frotar las suaves curvas de su pie y dedos.
Ella empezó de nuevo con sus instrucciones, diciendo, "Creo que necesitamos
seguir a Bernard durante el día. Podría tener otra ama. ¿Quién sabe?" Echó la
cabeza hacia atrás y gimió, "¡Dios, que bien sienta! No serás un profesional
¿verdad?"
Yo estaba masajeando los músculos del pie con bastante fuerza en ese momento y
parecía estar disfrutando aún más. "No, yo no, pero, como decía, hubo un tiempo
en que disfrutaba dando masajes de pies, por eso tengo algo de experiencia en
ello." Mientras decía esto solté el pie derecho y empecé con el izquierdo.
Hábilmente colocó su pie derecho directamente contra mis partes y ahora tuve que
forzar al máximo la compostura para mantenerme frío. Afortunadamente mi informe
formal estaba hecho.
"Bien, de todas formas, creo que has hecho un trabajo muy bueno hasta el
momento... en la vigilancia de Bernard, me refiero. Oh, con los pies también."
Sonrió al decir lo último, mostrando sus dientes blancos y brillantes. Existía
una pequeña separación entre sus dientes frontales, y esta ligera imperfección
resaltaba su atractivo. "De modo que ¿qué se ha roto? ¿Qué te debo?"
"Los gastos ascienden a 27 dólares y mi tiempo, incluido este informe, vale
300."
"Parece bien." Y mientras decía esto, se inclinó para coger su bolso del suelo,
pero mientras lo hacía meneaba sus dedos en mis partes. Parecía imposible que
pudiera contenerme mientras sentía y miraba aquellos dos atractivos pies. Todo
lo que quería era agarrar uno y empezar a besarlo por todas partes. No prestaba
atención al resto de ella, y tras unos pocos momentos de silencio me encontré
con que estaba frotando la planta de su pie derecho directamente contra el bulto
de mis pantalones. La miré rápidamente.
"Hmmmm. Parece que tenemos aquí entre manos, un poco de fetichismo, ¿no es así?"
Solté su pie izquierdo, ignorando el juego de palabras, y tartamudeé, "Yo-uh,
disculpe Srta. McLemore. Tiene razón. Tengo un problema de fetichismo. Nunca
debí ofrecerme para darle masajes en los pies." Pero su pie derecho no paraba de
masajear mis partes, mientras su pie izquierdo se movía ahora abajo y arriba por
mi muslo.
"¿Me referí a tu fetichismo como problema? No pienso así," dijo con los ojos muy
abiertos y sus elegantes pestañas arqueadas. Era una mirada inflamada que me
encendió de inmediato. Cogí su pie izquierdo e inmediatamente empecé a bañarlo
en besos. La mezcla del olor del cuero del zapato y del sudor constituía un
poderoso afrodisíaco para mí. Mientras besaba y lamía la adorable curva de su
talón, ella meneaba los dedos ante mis ojos. Besé todo el recorrido a través de
su arco hasta la parte delantera de su pie y me tomé el tiempo necesario para
besar cada uno de sus dedos. Se inclinó hacia delante para tener mejor acceso a
mi paquete, moviendo su pie derecho hacia atrás y hacia delante sobre la
cubierta material de mi polla y huevos. Le cogí la pierna por la pantorrilla y
masajeé suavemente el músculo mientras besaba sus dedos. Esto le produjo otro
gemido, y mientras dejaba caer la cabeza hacia atrás, tuve mi primera panorámica
de la parte alta de sus medias, el liguero y las braguitas de encaje.
Me pilló mirando mientras decía, "No Frank, creo realmente que no es ningún
problema." Me guiñó un ojo. "Pero realmente quiero devolverte el maravilloso
favor que has hecho a mis pies. Aquí, déjame que te alivie la presión aquí." Se
acercó y me desabrochó el cinturón y la bragueta. Luego me bajó los pantalones y
ropa interior y soltó un golpe de aire por la separación entre sus dientes que
sonó como un silbido.
"¡Oh vaya, Sr. Chase! Es usted un gran hombre." Pensaba que me iba a hacer una
simple paja, pero, para mi deleite, se sentó de nuevo y me hizo una paja sin
restricciones con los pies. Ahora podía deslizar su excitante pie atrás y
adelante a lo largo de toda la longitud de mi hueso palpitante, deteniéndose a
cosquillear mis huevos con sus dedos. Reinicié mis besos en su otro pie dejando
una mano moviéndose arriba y abajo por toda la pierna, hasta donde pude llegar.
Mi mano acarició su pierna desde el tobillo, a través de la rodilla, bajando por
el muslo hasta la parte alta de su media. De paso me atreví a liberar los
enganches entre su media y el liguero.
"Sabes Frank, que el pie de una mujer negra tiene dos tonos de color. Muchos
hombres piensan que el aspecto más blanco de la suela es feo. Si fueras a
quitarme la media, podrías no resultar tan excitado por mis pies." Lo tomé como
una clara invitación a hacer eso precisamente. Me incliné hacia delante y la
alcancé entre las piernas. Dejé que mis dedos vagaran por sus bragas un momento,
y sintieron bastante humedad junto con sudor y jugo de coño. Sólo esperaba que
pudiera ingerir tan dulce elixir antes de que la noche acabara. Llegué a la
banda superior de su media y empecé a enrollarla hacia abajo a lo largo de su
pierna. Desvié momentáneamente la mirada de su pierna para dirigirla a su cara.
Me estaba mirando intensamente y me dio el aspecto de estar tan patentemente
lujuriosa que tuve que tragar saliva debido a la sequedad de mi garganta.
Volví a mirar a su pierna y me encontré con que había colocado su pie izquierdo
sobre mi hombro y estaba recorriendo la línea de mi mandíbula con sus dedos.
Procedí a enrollar la media a lo largo de su muslo y sobre su rodilla. Mientras
lo hacía mis dedos se arrastraban a lo largo de la piel oscura, suave y uniforme
de su pierna. Pasé la fina media blanca a través de su pantorrilla y tobillo
mientras le levantaba el pie de mi hombro. Con su pie en equilibrio delante de
mi cara, retiré lo que quedaba de la media sobre el talón de su pie, a través
del arco y la dejé caer desde los dedos. La piel oscura y suave de la parte
superior de su pie contrastaba con la más resistente y clara de la parte
inferior. La calidad ying/yang de su pie me llevó a besarlo por todas partes, de
nuevo. Después de cubrirlo a besos, volví y empecé a lamer cada pulgada de su
pie izquierdo. Ella estaba disfrutando realmente con las atenciones y mantenía
sus ojos negro azabache clavados en mi cara. No estoy seguro si ella lo pilló
pero finalmente me sonrojé como consecuencia de todos estos acontecimientos.
Finalmente, alcancé sus dedos e introduje cada una de estas maravillas bicolores
individualmente en mi boca. Chupé cada uno mientras enrollaba la lengua
alrededor de estos adorables deditos. El poner cada uno en mi boca le provocó un
pequeño aullido de placer. Mientras tanto, yo me iba calentando por minutos. Mi
polla estaba absolutamente rellena de sangre. La miré mientras le chupaba el
último dedito. Ahora estaba concentrada en llevar a mi pene erecto a situación
extrema. La visión de su trabajo para llevarme al orgasmo era demasiado para mí.
Sabía que sólo me quedaban momentos, así que me llené la boca con todos los
dedos tan adentro como pude. Me miró a los ojos y me perdí. Podía sentir la
marejada de mis huevos, así que le mordí ligeramente el pie y sus ojos se
abrieron mientras soltaba un gemido sostenido.
Para evitar amordazarla, saqué su pie de mi boca y lo puse contra mi cara. Mi
orgasmo era poderoso, y lancé el primer par de chorros sobre mi propio pecho. No
podía recordar cuando se habían desabrochado los botones. El esperma restante se
extendió pródigamente a lo largo de su pie derecho cubierto por la media. En una
respuesta instintiva, solté su pie izquierdo y nuestros cuerpos se movieron
acercándose. Nuestras bocas se juntaron en un beso fuerte, y prácticamente me
sentí derribado por lo dulce que sabían su lengua y sus labios. Me quedé
pensando cuanto había deseado besar esta boca desde el momento en que la conocí.
Fue un beso lánguido que incluyó mucho movimiento de nuestros labios y lenguas.
Cuando salimos del beso, advirtió, "Ten cuidado, no quiero perder nada de tu
semilla." Mientras la miraba burlonamente, sonrió maliciosamente mientras se
quitaba la media de su pierna derecha cuidadosamente, para permitir que todas
las gotas de mi corrida se escurrieran hacia el final cuando se la quitó del
pie. Con los ojos fijos en mí empezó a lamer la corrida de su media. Nunca había
visto tal cosa y la miré con mudo asombro. Cuando terminó, se movió a mi pecho y
lamió y tragó el rastro de corrida que conducía hasta mi polla. Usó su lengua
con afecto sobre mi polla para asegurar que se llevaba hasta la última gota.
Recostó la cabeza sobre mis muslos y me miró a los ojos. Yo aún estaba sin habla
cuando dijo como cosa hecha, "Sabía que olía algo como a pescado en ti, pero
después de haberme pegado una buena bocanada de tu polla y de haberla lamido
hasta limpiarla, sé que has tenido a otra mujer esta noche."
No hace falta decir que aún no podía hacer trabajar a mis cuerdas vocales. Pero
estoy seguro que vio el nuevo golpe en mi cara mientras seguía, "Olía y sabía
como una puta rancia, Frank. Pensaba que el olor acre era malo, pero el sabor
amargo era casi predominante." La sangre se fue de mi rostro cuando caí en la
cuenta que el último sitio donde había estado mi instrumento antes de entrar en
la boca de Chantell había sido el culo de Sheila.
Chantell se sentó y dijo, "Frank, ¡estás blanco como un muerto! Por favor, no me
has ofendido lo más mínimo. De hecho es más bien al revés. Estos olores y
sabores son un afrodisíaco para mí. No sé si lo notaste, pero tuve un orgasmo
durante todo este asunto. Mi sentido del olfato es tan agudo que puedo ponerme a
tono sin ninguna estimulación manual, ¡sea lo que fuera! No quería insinuar que
duermas rodeado de putas, sólo quería decir que quienquiera que fuera obviamente
le hiciste alguna acción bastante curiosa. Me ha favorecido bastante que no te
lavaras después. Esto indica claramente que no tenías intención de hacérmelo.
Desde que dejé de follar con mi marido, hace cinco años, nunca he aceptado sexo
de ningún hombre a menos que sea totalmente espontáneo. Si me huelo (perdón por
el juego de palabras) que el tipo espera sexo, no le daré ni la hora.
Desdichadamente esto significa que he estado prácticamente sin sexo. Bueno,
supongo que hubo un par de veces." Sonrió.
Me recuperé y dije, "Vaya desperdicio," y ella se puso positivamente radiante
por mi elogio repentino. Fue entonces cuando me di cuenta de que, por encima de
cualquier otra cosa, me había pasado la noche sudando, sudando durante la
vigilancia, sudando durante el sexo, y sudando aquí, en mi oficina.
Verdaderamente era una suerte que esta mujer disfrutara con olores especiales
porque verdaderamente tenia que apestar a sudor.
"Bien, aunque te gusten este tipo de cosas, se me debe permitir disculparme por
no lavarme. Suelo tener mejores modales que en esta ocasión."
"Disculpa aceptada. Y si realmente quieres hacérmelo fácil me dirás todo sobre
tu aventura sexual de esta noche."
En este punto comprendí que toda la idea de tirar para delante con la verdad
sobre Sheila no iba a funcionar. Ya merecía una muerte dolorosa, por parte de
Chantell, por hacerle paladear los olores y sabores de la ama de su esposo.
Seguramente no le iba a causar dolor por hacerle saber la verdad. Rápidamente
empecé a patinar alrededor de la verdad, y le dije que mi última amante de la
noche era una novia mía normal.
"¿De verdad? No das aspecto de tener-una-novia."
"Bueno, no es realmente una novia, es más bien una amiga para polvos... er,
perdón por la vulgaridad."
Chantell se inclinó hacia delante y me besó ligeramente en los labios, diciendo,
"No me trago ese dulce. Te darás cuenta de que puedo jurar como el mejor de los
marineros, así que si no me ofendes, no te ofenderé." Hizo una pausa antes de
seguir. "De modo que tu amiga de polvos, ¿trabaja las dos aceras? ¿Es bi?"
Me pilló con la guardia baja. No estaba seguro adonde iba a parar con esto, pero
tenía la sensación de que no me iba a gustar. "Bueno, realmente no lo sé. Creo
que no, pero supongo que podría serlo."
"¿Cuándo la verás de nuevo? ¿Le prometiste reunirte con ella después de darme el
informe?"
Ahora mi cabeza daba vueltas. Decidí dar a la verdad una correa muy corta porque
probablemente vio la sorpresa en mi cara. "¿Por qué? Sí, ¿cómo lo has
adivinado?"
"Intuición. ¿Puedo ir yo?"
¡Hija de puta! Ahora me entierro en un agujero tal como va la cosa. "Realmente
no creo que sea una buena idea."
"¿Por qué no? No puedo imaginar que te hayas convertido en algún tipo de amante
progresivo. Estoy segura que no tendrá problemas si yo miro."
Cuando estoy acorralado, a veces soy creativo, de modo que era el momento de
cambiar de táctica. "¿Eres bisexual, Chantell?"
"Me lo he preguntado con frecuencia, pero nunca he estado con una mujer hasta
ahora. Es divertido, ahora que lo mencionas puedo recordar a mi tía Tessa
dándome besos lánguidos en los labios. Nunca pensé mucho en ello hasta que me
hice mayor y entonces los encontré divertidos."
Esto iba bien. Distráela provocando reminiscencias y algún camino encontraré a
partir de éste. "Bueno, los besos son una cosa, pero estoy seguro que la
decisión del sexo lesbiano sería un buen gran paso a dar."
"Oh, no sé sobre eso." Se detuvo y luego dijo, "¡Ya sé! Iremos a casa de tu
amiga de polvos y le preguntaremos si le gustaría hacer sexo conmigo por primera
vez. Si no quiere, te prometo que me iré. Si acepta y me quedo cortada, también
me iré. Pero si acepta y sigo adelante, ¡tendrás que mirar, Frank! ¡Perfecto! Sé
que es el sueño de todos los hombres mirar a dos mujeres haciendo el amor. De
otro modo, ¿por qué todas las películas porno tienen escenas lésbicas?"
Me tenía. Estaba muerto, pero intenté una última finta. "Estoy seguro de que
ella probablemente no tragaría por nada de esto."
"¡Oh, vamos! Me acabas de decir que no sabes si es bi o no. ¿Qué mal habría en
preguntárselo? Te prometo que se lo pediré muy amablemente de modo que no
pensará nada malo de ti."
Mi gambito final estaba a punto de producir el efecto contrario al que
pretendía, pero tenía que hacérselo saber de algún modo. "Está durmiendo y le
prometí despertarla con un cunnilingus."
"Perfecto. La despertaré de esa manera. Si se despierta y está horrorizada, me
disculparé profusamente. Si no siento que pueda seguir con ello, te dejaré en
paz."
Recordé antes que era difícil decir "no" a esta mujer negra mágica, y las cosas
no habían mejorado para mí en este sentido. Finalmente me encogí de hombros y
dije "de acuerdo."
Respondió lanzándose en mis brazos y besándome durante unos minutos. Era la
primera vez que sentía su amplio pecho estrechándose contra mí, y tuve que
admitir que con lo miserable que me sentía este beso me resultó especialmente
placentero.
-------
De camino al apartamento de Sheila, intenté rebobinar mejor de lo que pude
hacerlo a lo largo de la noche. Dije a Chantell que mi amiga de polvos y yo
teníamos una relación de mucha confianza y que no queríamos que otros supieran
de ella, así que nunca nos dábamos los nombres de los otros, para que no
esperara ninguna presentación. Pareció aceptarlo. Afortunadamente Chantell no
vería las fotos de Sheila y Bernard en una semana aproximadamente, lo que me
daría tiempo antes de que Chantell descubriera quien era realmente Sheila. La
voz de Sheila estaba bastante amortiguada e indistinguible en la cinta que le
había puesto a Chantell, así que dudaba que la reconociera en persona. Llegamos
al apartamento en el momento en que amanecía. Chantell me detuvo antes de salir,
porque, obviamente, había estado pensando algo durante el camino.
"Dime la verdad ahora, Frank. ¿Le diste por el culo antes de venir a darme el
informe?" Gruñí en respuesta y eso le dijo todo lo que necesitaba saber. "¡Lo
sabía! Sabía que había algo más fuerte en tu pene que simple jugo de coño."
Estaba resplandeciente cuando continuó, "Quizás debería ser yo el detective
aquí."
Declaró, "Bien si seguimos con esto y ella juega, le voy a pedir que me lama el
culo a cambio. Veremos si le gusta." Gruñí de nuevo, mientras continuaba, "De
hecho, pienso que tu deberías ser el que lamiese nuestros anos."
Cuando repliqué mi cara no tenía un aspecto feliz, "Ya le he lamido el ano y
estaría más que feliz de hacértelo a ti."
Salió del coche y declaró, "Realmente. Nunca me lo han hecho. ¡Sería divertido!"
-------
Me metí en el apartamento de Sheila con Chantell siguiéndome de cerca. Miré a
través de la ventana abierta del dormitorio y la encontré totalmente dormida en
la cama. Estaba sobre el cobertor así que el despertarse con un cunnilingus iba,
obviamente, a funcionar.
Chantell susurró a mis espaldas, "¡Está desnuda!"
"Sí, lo he notado."
"Bien, mejor me desvisto yo también."
Cuando se quitó la ropa tuve la primera oportunidad de contemplarla al completo,
y una vez más, me quedé volado por la belleza de esta mujer. Sus pechos eran
altos y muy llenos. No cedían, lo que parecía realzar su plenitud. Sus aureolas
eran del tamaño de una taza de café, y tan oscuras como un grano de café negro.
Sus pezones se levantaban como el extremo de un taco de billar. La perfección de
estas tetas me dejó atontado, pero su cuerpo no se paraba ahí. La cintura era
muy delgada, pero se ensanchaba grandemente en unas caderas anchas y llenas. La
raja de su culo era muy pronunciada y se extendía verticalmente al menos diez
pulgadas (25 cm) sobre el fondo de su coño. Mantenía su mata muy arreglada, y el
coño parecía como una comida de diez tenedores. Los grandes labios de su coño
sobresalían como alas de mariposa y no tapaban del todo la entrada rosa de su
vagina. Su clítoris estaba colocado como un centinela sobre todo ello.
Finalmente sus largas piernas bellamente curvadas suspendían todo el paquete
bien por encima del suelo de la habitación.
"Bien, ¿cómo se me ve?"
La tomé en mis brazos y susurré, "Eres una diosa." Resplandeció y me dio un beso
largo, lento y húmedo. Mientras mis manos no paraban de acariciar toda la
longitud de su cuerpo. Cuando nos separamos, le susurré al oído, "Si lo vuestro
tira para delante, recibirás un trato especial. Tiene la lengua más increíble
con la que me haya cruzado nunca."
Chantell arqueó sus cejas y replicó, "Oh, ¿realmente?" Obviamente había captado
el doble sentido.
La luz empezaba a iluminar débilmente la habitación, pero había suficiente para
ver lo que ocurría en el dormitorio. Me coloqué a un lado mirando atentamente
como Chantell se acercaba a la silueta dormida de Sheila. A pesar del problema
obvio que todo esto me causaba, me estaba poniendo muy excitado sexualmente
debido al rumbo que estaba tomando el asunto.
Sheila estaba tumbada sobre el estómago con las piernas muy separadas. Chantell
se apoyó en el fondo de la cama y podía ver muy bien los detalles de su coño
desde mi posición mientras empezaba a acariciar lentamente los muslos y las
nalgas de Sheila. Chan me echó una nueva mirada y se decidió. En mi mente no
cabía ninguna duda de que seguiría con ello. La barbilla de Channie descansó
sobre la superficie de la cama mientras chasqueaba con la lengua el coño de
Sheila.
Sheila respondió inmediatamente con un gemido. Chan empezó a lamerle la raja de
arriba abajo, pero se detuvo cerca de su ojete, por el momento. Sheila estaba
todavía medio dormida, pero se estaba empezando a excitar tremendamente. Sheila
se dio la vuelta hábilmente para ponerse sobre la espalda, mientras sus ojos
seguían cerrados. Esto permitió a Chan un acceso mucho mejor al chocho de
Sheila, y empezó a meterle el dedo en la raja mientras mordía y chupaba
suavemente los labios de su coño. Sheila gimió y emitió las palabras, "Oh que
bien sienta eso. ¡No pares!"
Sabía que la presa estaba a punto de desbordarse porque era obvio que Chan no
había atacado todavía el clítoris de Sheila. A los pocos segundos de pensarlo
Sheila gritó y sus ojos se abrieron de repente. Channie no perdió un segundo y
lavó con su lengua el clítoris de Sheila. Sheila se enderezó sobre sus brazos y
miró incrédula hacia abajo, a la parte superior de la cabeza de Chan.
"¿Quién coño eres tú?"
En este punto tenía que dar el paso si quería evitar cualquier presentación
desastrosa.
"Hola cariñito, soy yo. Esta es una nueva amiga mía que está interesada en mi
relación contigo, pero le dije que los dos tenemos razones para mantener en
secreto nuestro asunto, así que no le dije tu nombre. Cree que es una buena
idea, así que vamos a saltarnos las presentaciones, ¿vale?"
Sheila, todavía con aspecto de aturdida, replicó, "Vale. Pero pensé que eras TÚ
el que iba a proporcionar a mi coño ese despertar."
"Y así era, pero mi amiga pensó que estaría bien que lo hiciera ella en mi
lugar."
Channie se había levantado para sentarse a nuestro lado en la cama. Sheila la
miró y le dijo con su voz de niñita, "Gracias, eso estuvo divino."
Channie replicó, "El placer fue mío. Dime pelirroja, ¿eres bisexual?"
Sheila se sonrojó y farfulló, "No, pero tengo pensamientos sucios cuando veo a
una mujer hermosa." Su voz se desvaneció mientras apartaba los ojos de la mirada
negra de Chan. Pensé para mí, "¿Quién podría culparla?"
Channie sonrió y levantó la barbilla de Sheila hasta que estuvieron mirándose
cara a cara. "Escucha, cariño, no quiero hacer nada con lo que no estés cómoda,
porque también es mi primera vez con una mujer." Me señaló con la cabeza y
continuó, "La descripción que hizo de ti este sucio perro no te hacía justicia.
Eres tan guapa que en este momento me duelen mis partes."
La brillante sonrisa de Sheila le iluminó la cara, y respondió, "¿De verdad? ¿De
verdad piensas eso?" Channie respondió asintiendo y Sheila continuó, "¡Guau,
porque debes ser la mujer más guapa que he visto en mi vida!"
Chan apretó a Sheila entre sus brazos y las dos mujeres se besaron
apasionadamente un par de minutos. Finalmente Channie se soltó para tomar aire,
y me lanzó una mirada. "No bromeabas respecto a esta lengüecita de miel."
Sheila sonrió y dijo, "Tú todavía no has disfrutado nada. ¡Espera a que te haya
metido la lengua en el chocho, negrita!"
Chan abrió mucho los ojos ante la ocurrencia y empezó a reír. Me miró y declaró,
"Este pedacito es una joya. Ahora despeja la cama y déjanos en paz. Si quieres
mirarnos y darle al manubrio hazlo allí, en la silla."
Sheila obviamente entraba al juego. Replicó, "Sí, guárdate ese rompechochos para
ti."
Lancé una mirada de poco convencimiento y grité, "Bueno, aún no he dicho la
última palabra." Luego me acomodé en la silla a ver el espectáculo.
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Sheila agarró inmediatamente a Channie y volvió a besarla. Chan respondió y
apretó su negro cuerpo contra la blanca piel de Sheila. Las tetas de Chan eran
solo ligeramente mayores que las de Sheila, de modo que encajaban perfectamente
cuando se apretaron una contra otra. Las dos mujeres se estimulaban con los
pezones endurecidos de las tetas de la otra clavándose en la propia y suave
carne de sus tetas.
De nuevo fue Chan la que se liberó del beso, tomó aliento y exclamó, "Oh, sí,
¡antes de que se me olvidé! Le he chupado la polla a ese sucio perro antes y me
dijo, después, que acababa de darte por el culo. ¿Es cierto eso?"
"Sí, lo hizo. Fue maravilloso."
"Bien, puesto que he probado tu culo chupándole la polla, me preguntaba si
querrías probar el mío."
Sheila puso ojos como platos y se detuvo un momento antes de tumbarse de
espaldas. Con un destello oscuro en la mirada dijo, "Sienta ese agujero apestoso
en mi cara, zorra negra. Lo probaré."
Era la primera vez que veía a Chantell quedarse sin habla. Me reí con ganas.
Realmente no le había advertido de lo mal hablada que podía resultar Sheila. Sin
embargo Channie no estuvo mucho tiempo impresionada. Colocó las rodillas a cada
lado de los hombros de Sheila y agachó su oscuro culo sobre la cara de Sheila.
Channie empezó inmediatamente a jugar con las tetas redondas de Sheila. Por la
expresión de la cara de Chan podía asegurar que Sheila había empezado a besarle
el fruncido agujero. Pero al rato otra expresión de sorpresa se dibujó en su
cara cuando supe que la lengua de Sheila estaba penetrando en su ano.
Chantell se echó hacia atrás y dejó escapar un gemido bajo y gutural. En
cuestión de segundos el jugo del chocho de Chantell empezó a fluir sobre la
barbilla de Sheila y a bajar por su cuello. "Oh mi adorable puta pelirroja. Tu
lengua se siente divinamente. No te pares, chochete, o te azotaré ese gordo culo
blanco que tienes."
Sheila se paró y se apartó de debajo de Chantell para encararse con ella. "¿Qué
dijiste? ¿Qué me vas a azotar el culo? ¿Y crees que mi culo es gordo comparado
con tu enorme furgón? Ya te he lamido bastante rato tu sucio disparador de
mierda, pero no he terminado contigo." Empujó a Channie hasta ponerla de
espaldas. "Probaré algo de esa dulce crema de chocho tuya y no pararé hasta que
esté llena." Y diciendo eso Sheila hundió la cara entre las piernas oscuras de
Chantell.
Para entonces me estaba poniendo muy excitado por toda la conversación y las
actuaciones. No sé cuantas erecciones había tenido ya, pero se me puso dura una
vez más. Me la saqué de los pantalones y empecé a acariciármela al ritmo de los
sorbetones en el coño de Chan. Solo podía atisbar la lengua de Sheila pero
obviamente estaba trabajando a destajo. Channie empezó a gemir y ya no paró. Sus
orgasmos eran bastante distintos de los de Sheila. Mientras Sheila tendía a
tener liberaciones cortas e intensas, Channie parecía estar en un estado
orgásmico durante minutos, hasta que acababa.
Estuvieron las dos liadas durante unos 20 minutos antes de que Chantell se
apartara diciendo, "Para cariño. Ya no puedo aguantar más esa lengua. Has
demostrado lo que vales. ¡Estoy exhausta!"
Sheila salió a la superficie de entre las piernas de Chantell y empezó a limpiar
el jugo que le rezumaba de la cara. Se detuvo antes de hablar, "¿Estabas
fingiendo todos esos gemidos? No podría decir cuando estabas teniendo un orgasmo
de verdad."
Chantell la atrajo hacia sí y la besó con fuerza durante un buen rato. Cuando se
separaron Chan replicó, "No fingía, pelirroja. Me gusta tomarme mi tiempo,
prolongarlos lo que pueda. Una vez estuve en situación de orgasmo durante una
hora. Pero con tu lengua el orgasmo era demasiado intenso. No pude mantenerlo
más tiempo sin pasar del borde."
Sheila sonrió y replicó, "¿Ahora me vas a dar los azotes prometidos?"
Chantell replicó, "¿De verdad quieres una azotaina?"
Me incliné hacia adelante en la silla porque esto se ponía interesante.
Los engranajes estaban moviéndose obviamente en la mente de Sheila cuando
contestó, "No, por favor, no me azotes. Lloro cuando me azotan. Especialmente si
me dan palmadas fuertes en el culo. Sé que he sido mala, una putilla mal hablada
y que merezco unos azotes pero por favor ten piedad de mí."
Chan pareció sorprendida al principio, pero captó el juego muy rápidamente.
"Desde luego que voy a azotarte, ¡sucia zorrilla! Dijiste que tenía una furgón
enorme. ¿Crees de verdad que te voy a dejar ir con eso?"
Si no la conociera mejor habría dicho que había temor genuino en los ojos de
Sheila. "No, no, no quería decir eso. Tienes el culo más bonito del mundo.
Debería saberlo, acabo de probarlo. Tu ojete sabe a gloria. Por favor, no me
pegues por lo que he dicho. Pero hagas lo que hagas, no me metas en el chocho
uno de esos consoladores que hay en mi vestidor mientras me azotas. Eso haría
que me doliera aún más. Nunca querría volver a sentir ese dolor otra vez."
Me reí con esto, pero Chantell me lanzó una mirada dura mientras recogía no uno,
sino dos, consoladores del vestidor de Sheila. Sheila abrió los ojos como platos
y no estoy seguro de si todo su miedo era fingido, cuando Chantell replicó, "No
solo te voy a meter un consolador en el chocho, sino que puesto que parece
gustarte meterte cosas en el culo, te voy a meter este segundo por tu sucio
agujero. Luego veremos cuanto disfrutas con la azotaina que le voy a propinar a
tus nalgas blancas y pequeñas."
Intercedí, "Ten cuidado Channie, solo la han dado por el culo una vez."
A lo que me interrumpió elocuentemente, "¡Cierra el pico, capullo!"
Chantell agarró a Sheila del pelo, forzándola a ponerse a cuatro patas. Sheila
gimió de placer. Channie empezó con la lengua en su chocho. "Vaya, vaya mirad
quien está húmeda ya."
Sheila parecía estar intentando imitar los orgasmos de Chan manteniendo un
gemido continuo, pero cada vez que le tocaba el clítoris dejaba escapar un
pequeño grito. Chantell empezó a trabajar en su chocho con el primer consolador
mientras besaba y lamía el ojete de Sheila. Una vez que su ojete estuvo listo y
húmedo, Chan saco el consolador lubrificado del chocho y lo empujó lentamente
dentro de su agujero. Sheila siguió con los gemidos pero podía percibir que se
agitaba ligeramente a consecuencia de la experiencia. Una vez que el primer
consolador hubo recorrido todo el camino, Channie no tuvo problemas en meter el
segundo en el coño empapado de Sheila.
Con los dos consoladores metidos en los dos agujeros de Sheila, Chantell empezó
a palmear el precioso y redondeado trasero de Sheila. A cada palmada Sheila
gritaba. Su dolor parecía real, pero la expresión de su rostro era una mezcla
entre lujuria y temor. Para la décima palmada sus gritos se habían convertido en
éxtasis, aunque seguían cayéndole lágrimas por la cara.
"¿Así que crees que se siente bien, zorrilla?" Chantell agarró un puñado de pelo
y tiró de su cabeza hacia atrás mientras palmeaba uno de los dulces cachetes de
Sheila con toda la fuerza que podía. Sabiendo que este tipo de tratamiento rudo
la había excitado previamente, no me pilló de sorpresa cuando gritó y volvió la
cabeza para lanzar a Chan una mirada de pura lujuria. Chantell pasó las manos
sobre las zonas rojas causadas por los azotes en los cachetes de Sheila. Se
dobló hacia abajo y cubrió la superficie de su culo con suaves lamidas y besos
mientras pasaba la mano alrededor de ella y acariciaba su sensible clítoris.
Esta acción provocó una serie de prolongados gemidos por parte de Sheila.
Chantell, viendo la ventaja de esta posición, dio a la adorable pelirroja varias
palmadas ligeras más en el trasero mientras le pellizcaba el clítoris. Esto fue
demasiado para Sheila y sus gemidos se convirtieron en un grito a pleno pulmón
durante dos segundos, antes de que enterrara la cara en la almohada. Mientras
Sheila seguía con sus gritos amortiguados, Chantell mantuvo la leve azotaina que
hizo que el chocho de Sheila empezara a destilar néctar de coño por los
laterales del consolador.
Chantell acabó con los azotes y se colocó bajo la entrepierna de Sheila para
recoger el jugo que goteaba el consolador. Finalmente los gritos de Sheila se
convirtieron en sollozos convulsivos, y Chan, en ese instante, retiró el
consolador de su coño para permitir que el jugo restante de su chocho fluyera
sobre su rostro. Empujó la raja de Sheila abajo, hacia su cara, lamiéndola hasta
dejarla limpia, mientras simultáneamente le retiraba el consolador del culo.
Sheila seguía sollozando, así que Chantell se levantó y la tomó en sus brazos.
Sheila se sintió transportada, una vez más, a su infancia, y restregó su cara en
los magníficos globos de Chan. Chan mantuvo el cuerpo tembloroso de Sheila
apretado contra el suyo mientras susurraba sonidos arrulladores en su oído. Pude
ver interés, alivio y una cierta sensación de asombro por lo que acababa de
ocurrir.
Pude oír que Chantell susurraba, "No te preocupes, cariñito. Mami está aquí."
Sheila respondió removiéndose un poco en su abrazo y empezó a chupar de uno de
los grandes pezones de Chantell. Pronto sus sollozos y temblores cesaron y
pareció volver a quedarse dormida.
En un punto, durante estas escenas, casi me había provocado un orgasmo, pero
según se habían desarrollado los acontecimientos me había olvidado por completo
de mi erección y me había sentado como un espectador atónito llevado a un
increíble acto sexual entre dos espléndidas mujeres. Me acerqué a la cama para
acariciar la piel de aquellas dos bellezas, y esta acción llevó a Sheila al
reino de los sueños. Channie se liberó lentamente del abrazo y me siguió fuera a
la sala de estar.
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Me senté en el sofá y Channie se montó a horcajadas en mi regazo y me dio un
beso largo y húmedo. Le acaricié la espalda y el culo mientras ella apretaba su
hinchado pecho contra el mío. Cuando finalmente dejó de besarme me miró con una
de sus resplandecientes sonrisas. Dijo, "Gracia, gracias, gracias por traerme a
la experiencia sexual más maravillosa de mi vida."
Fingí una queja y repliqué, "¡Oh, no! ¡He creado una lesbiana!"
Me pellizcó y dijo, "Te demostraré lo lesbiana que soy." Con mi erección
apretada contra su vientre se deslizó hacia arriba con un movimiento rápido y
apretó su húmedo túnel del amor sobre mi picha. Mientras asentaba su trasero en
mi regazo enterró la cara en mi hombro y dijo entrecortadamente, "¡Oh, dios mío,
tienes una polla tan grande!"
La sujeté estrechamente y con calma mientras le echaba la cabeza hacia atrás
para darle otro largo beso. Mientras nos manteníamos uno sobre el otro, el coño
de Channie latía continuamente sobre mi polla palpitante. La besé suavemente a
lo largo del contorno de su rostro y su cuello, mientras ella mantenía cerrados
los ojos. Entre suaves gemidos susurró, "Dios, adoro tu contacto, Frank."
"Gracias, el tuyo tampoco está mal."
Lentamente abrió los ojos y preguntó, "¿Habías hecho el amor con una mujer negra
antes de esta noche?"
"Una vez. Era una de esas puta-con-el-corazón-de-oro. Finalmente le pagué por el
sexo una vez y ella me lo regaló en otra ocasión. La ayudé cuando dejó la
prostitución. Tuvo algún problema con su último chulo antes de abandonar esa
forma de vida."
"¿Me consideras una fulana por mi relación con Bernard?"
La pregunta me pilló con la guardia baja, y me apresuré a contestar, "No. En
absoluto. Creo que la gente debe hacer lo que le parezca correcto en ese
momento. Además no veo con desprecio la prostitución como profesión, así que
incluso aunque pensara de ti en esos términos no estaría despreciándote."
El estómago empezó a hacerme ruidos, provocándole la risa a Channie, que dijo,
"Quizás deberíamos terminar con esto y pillar algo de comer, o sino dormir
algo."
Repliqué, "Oh, creo que tendría que ocuparme de dos distracciones antes de que
pueda dormir." Tras esto, Chantell empezó un lento movimiento que resultaba
absolutamente maravilloso. Le puse las manos en las tetas mientras encajaba su
coño en mi regazo. Podía sentir su clítoris rozándose contra la base de mi polla
mientras los húmedos labios de su chocho se deslizaban hasta mis huevos. Esta
acción nos provocó suaves gemidos a los dos, pero finalmente empezó un sube y
baja torturante de puro lento. Subía lentamente hasta que la cabeza de mi polla
hacía un ruido como de sorber, entre los labios grandes y gruesos de su coño. Yo
respondía empujando la raja de la punta de mi casco contra su clítoris abultado.
Al final de cada uno de estos viajes ella respiraba entrecortadamente.
Luego empezó a hacer trabajar los músculos de su vagina para abrir la entrada de
su coño y deslizarse hacia abajo por mi poste en un calentamiento lento y largo.
Tras uno o dos ciclos sentí que había empezado otro orgasmo. Su coño empezó a
latir con más fuerza y velocidad, mientras que el interior de su coño se notaba
cada vez más húmedo. Su rostro tenía una expresión totalmente ausente con los
ojos vueltos y su boca gemía sin parar. Empecé a entonar al ritmo de este follar
lento mientras estrujaba sus bonitos globos. Perdí la noción del tiempo, y no
fui consciente hasta después, de que había estado en ello durante casi media
hora.
El orgasmo de Channie siguió en aumento. Al cabo de un rato pude sentir los
jugos de su coño goteando por mis huevos. Esta sensación me la puso aún más
dura, y empecé a tener dificultades para retener mi propio orgasmo. En ese
momento Chan abrió ligeramente los ojos y me susurró, "Córrete dentro de mí.
Déjate ir. Déjame sentir el disparo cálido de tu leche hacia mis ovarios."
El sonido de su voz y la mención de sus órganos reproductores me puso a tope. Mi
polla palpitó con tanta fuerza que la lancé a un orgasmo aún más profundo.
Juntos, con nuestros gemidos convertidos en sonoros gruñidos, pero Channie se
negaba a abandonar el ritmo de su movimiento arriba y abajo. La lentitud del
estímulo hizo que pudiera retenerme casi un minuto, pero cuando finalmente me
corrí exploté literalmente. Mi violento orgasmo lanzó chorro tras chorro de
corrida muy dentro de su vagina. Gritó en alto mientras dejaba caer su culo
sobre mi regazo una última vez y enterraba su boca en mi hombro. Mordió con
fuerza, y grité mientras mi último disparo de semen salía disparado por la punta
de mi polla. Quedó tranquila entre mis brazos más de un minuto mientras nuestros
órganos sexuales se estremecían hasta pararse. Cuando levantó la cabeza de mi
hombro dijo entrecortadamente, "¡Oh, dios mío! ¡Te he hecho sangre!"
Ignoré mi hombro y llevé su cara hasta la mía. Varias gotas de sangre manchaban
sus blancos dientes y otra gota le caía del labio inferior. Mi polla pareció
agitarse cuando pasé un dedo por su boca para mostrarle mi sangre. Abrió los
ojos como platos mientras me miraba, y luego cerró los labios alrededor de mi
dedo y se tragó toda la sangre.
"¡Guau, por fin! Nunca antes había follado con una vampira lesbiana."
Apretó su boca contra la mía y saboreé los últimos vestigios de sangre en su
boca. Nuestro beso fue interrumpido por aplausos desde atrás. Chantell se dio la
vuelta, haciendo que mi polla se cayera de su chocho. Los dos miramos la silueta
desnuda de Sheila de pie en el quicio de la puerta.
"¿Cuánto tiempo llevas mirando?" Preguntó Channie.
"Oh, unos 5 ó 10 minutos. Deseaba poder unirme a vosotros."
"Bien, ven aquí, cariño," Dijo Chan mientras extendía su mano hacia Sheila.
Sheila corrió hacia el sofá y estrujó su voluptuosa figura entre nosotros.
Channie la besó un instante, pero Sheila se retiró y se volvió hacia mi hombro.
Lavó mi herida con su lengua, pero su saliva escocía un poco. Luego se echó
atrás y dijo, "Traeré una venda."
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Después de tapar el mordisco y de otra ronda de besos por todas partes me
encontré un poco mareado entre estas dos bellezas desnudas. Sheila arrugó la
nariz y dijo, "¡Hueles a basurero! Creo que deberíamos pasarnos a la bañera."
Fue entonces cuando escuché el grifo corriendo en el baño. Sheila debía haberlo
abierto cuando fue a buscar el vendaje. No podía negar que necesitaba un lavado.
Nos levantamos los tres del sofá y nos dirigimos al baño. Chantell dejó escapar
un silbido cuando vio la bañera. Sheila sonrió radiante ante el halago,
declarando, "Es mi mayor vicio. Tengo que tener una bañera enorme para estirarme
dentro... con o sin hombre."
La bañera estaba llena casi hasta la mitad y su gran forma circular podía
recogernos fácilmente a los tres juntos. Tras meternos en el agua caliente los
tres echamos las cabezas hacia atrás y disfrutamos de varios minutos de paz.
Finalmente Sheila sacó dos pastillas de jabón y las dos mujeres empezaron a
restregarme desde la cabeza hasta los pies. Me encantaba sentir sus manos sobre
mi cuerpo y también me dejaron ayudarlas a lavarse. Todos nos sentíamos muy
limpios cuando Sheila anunció, "Ahora, uno de mis mejores trucos."
Sumergió la cabeza bajo el agua y se zampó mi polla, entera. Chantell miraba sin
poder creerse lo que veía. Me preguntó si no podía asfixiarse o ahogarse.
Contesté que me había informado previamente que podía aguantar sin respirar
hasta dos minutos. Chantell me miró y declaró, "Tengo que conseguir una vista
mejor de esto."
Sumergió a su vez la cabeza debajo del agua. Al momento sentí que la boca de
Chantell se abría para abarcar la superficie de mis huevos. No podía creer como
me sentía. Aquí estaba yo disfrutando de una mamada subacuática a cargo de dos
mujeres, una tenía mis testículos en la boca mientras la otra se había tragado
hasta la garganta toda la longitud de mi pene. Se habían besado la una a la otra
a través de mi polla y mis huevos. Tuve que echar mano de un poco de compostura
para evitar correrme. Razoné que cualquier alteración que provocara yo, podía
producirme un gran perjuicio personal. No quería dar a ninguna de estas mujeres
ninguna razón para asfixiarse, toser o morder. Alrededor de un minuto después
ambas soltaron mis genitales y volvieron a la superficie. Las dos boquearon
buscando aire y respiraron a fondo durante un par de minutos. La visión de sus
adorables pechos subiendo y bajando era digna de retener. Le agradecí
profusamente a ambas su maravillosa actuación.
Pasamos otra media hora acariciándonos, besándonos, tocándonos y lamiéndonos
mutuamente. Sheila y Chantell se alternaban en botar con sus chochos prietos
sobre mi erección subacuática. Cuando todos tuvimos suficiente salimos del agua
y nos secamos con las toallas. Me puse mis calzones mientras ellas se ponían un
par de batas de seda que Sheila sacó de su armario. No hace falta decir que la
levedad de estas ropas escondía poco de los encantos de sus cuerpos.
Me volví a sentar ante la mesa del cuarto de estar y miré como ambas preparaban
un fastuoso desayuno con muchas pausas para darse largos besos entre ellas.
Parecía que estaba creándose un enorme afecto entre estas dos mujeres, que eran,
hasta ese momento, estrictamente heterosexuales. Sabía que me estaba moviendo en
aguas peligrosas, porque el velo de las presentaciones podía venirse abajo en
cualquier momento.
Después de un desayuno delicioso nos apresuramos a dejar los platos en el
fregadero y corrimos al dormitorio. Había estado más de 30 horas sin dormir pero
la privación parecía haberme incrementado la libido. Nunca lo había hecho con
dos mujeres a la vez, y no iba a dejar escapar esta oportunidad por insistir en
la siesta.
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Mientras saltaba a la cama pillé a Channie guiñándole un ojo a Sheila. "Digo que
le atemos con las medias. ¿Tú qué dices, pelirroja?"
Sheila se rió, y replicó, "Digo que es una buena idea, negrita. Una vez que esté
firmemente atado a la cama será divertido usar y abusar de este chico de
juguete."
Mientras empezaban a pasar sus mallas alrededor de mis tobillos y muñecas Chan
continuó, "¿Sabías que este perro es un verdadero pervertido cuando se trata de
medias y pies?"
"No, no sabía eso. ¿Crees que besaría y lamería voluntariamente los míos?"
"Bueno, una vez que le hayamos atado, no importará lo que haga voluntariamente.
Podemos obligarle a hacer cualquier cosa."
Con las muñecas ya atadas a la cabecera, Channie siguió sujetándome las piernas
a las esquinas inferiores de la cama mientras Sheila se subía encima de mí. Se
dejó caer con un ruido sordo sobre mi pecho haciendo que soltara dolorosamente
por la garganta todo el aire de los pulmones. Intenté lo mejor que pude
disimular el dolor lacerante del aire expulsado de mí, pero la sonrisa
conocedora de Sheila revelaba que no estaba teniendo un éxito completo en tal
ocultación. Finalmente recuperé la respiración mientras Sheila pasaba sus pies
pequeños y excitantes por mi cara. Los besé y lamí mientras vagaban sobre mi
cara, lo que produjo algunas risitas por su parte. La naturaleza cosquillosa de
Sheila me obligó a reconsiderar su edad real.
Para entonces Chantell había hecho su tarea y preparaba su siguiente aventura.
Aunque el cuerpo de Sheila me bloqueaba la vista de Chan podía adivinar que
estaba extendiendo vaselina sobre mi picha. Estaba duro como una roca cuando se
colocó encima de la erección. Sheila miró hacia atrás mientras veía a Channie
apretar su prieto ano contra la parte superior de mi polla. Sheila comentó,
"¡Vamos, chica! ¡Este tipo es un follaculos magistral!"
El recto de Chantell estaba casi tan prieto como el de Sheila pero la vaselina
parecía hacer más fácil el deslizamiento. Una vez que su ojete estuvo
completamente asentado sobre mi polla dejó escapar un gruñido sostenido y
musitó, "Oh, es un dolor tan agradable."
Sheila comentó, "Seguro que te lo hace, puta. Estoy celosa." Chan respondió
pasando la mano alrededor del torso de Sheila y empezó a jugar con sus tetas.
Sheila siguió paseando los pies por mi cara, mientras utilizaba una mano para
estimular su pequeño y rosado clítoris. Chantell entretanto empezó un movimiento
de bombeo arriba y abajo sobre mi polla. Lo apretado del encaje retenía mi
orgasmo.
Los tres estuvimos gimiendo y gruñendo durante varios minutos. Me estaba
acercando al borde cuando Sheila dejó de mover los pies, lo que me permitió
lamérselos de seguido y besárselos. Para entonces Sheila empezaba a balancear su
mano libre para palmear las curvadas nalgas de Chantell. Al principio esto la
hizo gritar y saltar sobre mi picha. Pero luego lo acompasó con su movimiento de
vaivén y con otro orgasmo continuo. Las convulsiones de su chocho se propagaban
por la pared de su ano provocando oleadas de placer que, desde mi polla, me
recorrían todo el cuerpo. Cada vez que Sheila palmeaba su culo, el chocho de
Channie volvía a tener convulsiones. Aguanté unos cinco minutos antes de que mi
quinta descarga de semen de la noche/mañana explotara dentro del oscuro y
adorable ano de Chan. No podía quedar mucho volumen de corrida en mis huevos
pero Channie pareció notar lo que había proyectado en su culo y dejó escapar un
largo y sostenido aullido.
Mientras Sheila se había excitado y soltó un grito ahogado. Le estaba chupando
los dedos del pie cuando gritó. A modo de reacción metió su pie delgado y
pequeño profundamente en mi boca. Lo tragué casi hasta el talón. Tras su orgasmo
se retiró despacio y me guiñó un ojo. Las dos mujeres se desplomaron a cada lado
de mi pecho y empezaron a incordiarme.
"Realmente debes ser solo medio hombre para dejar que te atemos así."
"Sí, eres un perro callejero debilucho. Deberíamos exhibirte en público con un
collar y una correa."
"Oh, esa es una idea estupenda, pero creo que preferiría dejarlo atado aquí y
obligarle a hacer todo tipo de cosas repugnantes."
"De aperitivo me prometió un pequeño analingus, y el momento no podía ser más
adecuado. Su última rociada fue en mi apestoso agujero. Qué opinas pelirroja,
¿deberíamos obligarle a comerme el culo?"
"¡Por supuesto! Es un gran lameculos."
Channie no perdió tiempo para montar mi cara con su ojete. Sheila lamió la
porquería que quedaba en mi polla y me puso de nuevo a media asta en cuestión de
segundos. Consiguió deslizarla en su entrepierna y tras varios minutos de sube y
baja me tuvo de nuevo erecto.
Estaba listo para el trabajillo anal con Channie. Empecé besando su fruncido
ojete durante varios minutos y su esfínter se aflojó de inmediato. Una pequeña
mezcla de fluidos, que esperaba que fueran en su mayoría sudor, manaba de su
agujero. El néctar de coño fluía de su chocho, además, para formar un elixir que
era muy embriagador. Había dulzura y acidez en la mezcla, y todo lo que podía
pensar era que estaba sorbiendo el néctar de una diosa.
Channie y Sheila estaban frente a frente sobre mi torso. La actuación de Sheila
sobre mi polla fue frenética durante un momento, pero pronto se hizo más pausada
y aunque no podía ver suponía que se estaban besando y acariciando mutuamente.
En este punto Channie se había quedado casi seca de modo que besé su ojete
fruncido varias veces más y escarbé en él con la lengua. Su ano tenía un gusto
amargo, como lo tenía el de Sheila, pero el aroma era netamente diferente e
indescriptible. Pensar que estaba lamiendo el interior del agujero del culo de
una mujer hubiera sido normalmente un poco repulsivo para mí, pero dejé que mi
mente vagara por todos los acontecimientos de las últimas 12 horas y fuera
barrida por todas estas poderosas sensaciones sexuales.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando escuché un medio grito de
Sheila. Sus jugos bajaban por mi polla y podía también sentir que el coño de
Channie empezaba a liberarse en mi barbilla. Era demasiado para soportarlo e
inmediatamente me lancé a mi propio orgasmo. Mis huevos estaban bien gastados
esta vez, pero eso no impidió que mi polla empezara a palpitar a toda marcha,
literalmente seca, lanzando los últimos restos de corrida dentro del chocho de
Sheila.
Sus orgasmos duraban bastante, así que hice girar mi lengua en una excursión
final alrededor del ano de Channie y luego bajé a su coño para lamer los restos
de su orgasmo. Finalmente desmontaron y me sonrieron como dos gatos de Cheshire
(N. del T.: el gato de Cheshire es un personaje de 'Alicia en el País de las
Maravillas', de Lewis Carroll).
-------
"Está bien, sucio perro, vamos a darte una oportunidad. Puedes seguir atado y
ser nuestro esclavo de amor, o te liberaremos si nos dejas azotarte."
La parte de esclavo de amor sonaba interesante, pero tenía los miembros en
tensión contra las ataduras y necesitaba algo de libertad de movimientos para
ellos. "Desatadme, par de groseras del demonio." Eso les provocó una risa tonta
mientras me desataban, y me detuve a considerar si estas dos no serían
verdaderas brujas vivas.
Tan pronto me liberaron contraje los brazos y piernas y me di la vuelta
adoptando una posición fetal con mi trasero al aire. Channie y Sheila empezaron
a pegarme con la palma de la mano, pero realmente no dolía en absoluto. Tuvo el
efecto de entumecerme o algo así, que provocó que mi sensación normal de exceso
de carga postcoital se disipara rápidamente. Para cuando terminaron estaba
completamente exhausto. Me derrumbé sobre la cama y sentí que las dos bellezas
me metían dentro, bajo una luz consoladora. En este estado somnoliento las dos
me dieron dulces besos y me dejaron en silencio. El país de los sueños se me
echó encima como una tonelada de ladrillos.
Me despertó el sonido de un percutor al ser armado en una pistola. He oído este
sonido, de forma inesperada, en diferentes ocasiones durante mi trabajo, y nunca
falla en atraer toda mi atención. Estaba despierto con la espalda contra la
cabecera de la cama en medio segundo. A los pies de la cama me enfrentaba con
los cañones de dos pistolas que me estaban mirando. Chantell sujetaba mi pistola
que debía haber encontrado en la cartuchera de mi bota, mientras que Sheila
sujetaba otra pistola pequeña que debía de ser suya. Chantell había amartillado
mi pistola y Sheila estaba quitándole el seguro a la suya.
Había un gran cardenal rojo en un lado de la cara de Sheila que me pareció
extrañamente erótico. Dado que no lo había hecho yo, solo podía suponer que
Chantell había tenido algún tipo de cambio violento en el rostro blanco y pálido
de Sheila. Una vez armado el percutor de la pistola de Sheila, Chantell gruñó,
"Bien, bien, bien, el hijo de puta se ha despertado del todo. ¡Bueno! Tiene
algunas explicaciones que dar."
Cuando se me aclaró la mente solo pude presumir que se habían presentado
mutuamente mientras dormía. Mentalmente me puse los patines y me dispuse a
patinar...
Mientras miraba a estas bellezas armadas mi miedo se mezclaba con una cierta
emoción erótica. Estaba completamente seguro que ninguna de aquellas mujeres era
muy experimentada en armas de fuego lo que hacía más real la amenaza que
representaban sus dedos en el gatillo. Sin embargo ni la oscura Chantell ni la
pálida Sheila se habían preocupado de ponerse ninguna ropa antes de su
representación, y el pensamiento de que mi vida terminara con esta visión como
la última me estaba poniendo de nuevo a punto.
"En primer lugar, yo nunca me acerqué a Sheila en aquel bar. Segundo, había
intentado contarte, Chantell, todo respecto a mi relación con ella antes de
nuestro propio encuentro sexual. Nuestro compromiso íntimo después del informe
hizo difícil decírtelo después."
"Sigue," gruñó Chantell.
"Nunca quise haceros daño a ninguna de las dos. Las situaciones sexuales en las
que hemos estado envueltos han sido completamente espontáneas."
"Sigue," soltó Sheila.
"Nunca me he visto envuelto en situaciones sexuales con un cliente, nunca, en el
pasado. Puedo probaroslo si vamos a mi oficina."
"Sigue," entonaron al unísono las dos.
Estaba empezando a aterrarme. Normalmente podía decir lo que alguien quería oír.
En mi negocio no llegas muy lejos si no eres capaz de leer en la gente.
Desesperado intenté otra estrategia, diciendo, "Y lo siento mucho, mucho."
"Y," repicaron a la vez.
"Y, soy rastrero, sucio y despreciable por hacer lo que hice."
"Y," volvieron a decir.
"Y, lo arreglaré con vosotras, lo prometo. Pero por favor, no me matéis."
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Chantell, y, cuando miró a Sheila, también
se formó otra sonrisa en el suyo. Estaba empezando a sentir que había esquivado
con éxito la debacle, cuando Chantell me informó de hasta que punto iba a tener
que pagarlo. Dijo, "Esto como aperitivo, pero al final verás lo realmente malo
que es hacer frente a una deuda."
Sacó una grabadora del vestidor, y se acercó a la cama con la pistola apuntando
todavía a mi cabeza. Me dijo que me pusiera a cuatro patas, y en cuanto lo hice
me colocó el cañón de mi pistola delante de la boca. "Chúpalo, despreciable
cabrón."
No abrí la boca enseguida y pagué por ello. Sheila se había deslizado detrás de
mí y me golpeó el lateral de la cabeza con la culata de su pistola. La cabeza me
quedó haciendo chirivitas por el impacto, mientras abría la boca. Chantell me
metió la punta de la pistola en la boca abierta, diciendo, "Vas a estar chupando
esta pistola hasta que tenga evidencias de que disfrutas con ello."
Deslizó el cañón dentro y fuera de mi boca, con el dedo en el gatillo todo el
tiempo. Agradecí que el cañón no tuviera más de 4 pulgadas (unos 10 cm). Por
ello nunca me provocó ahogo cuando lo metió hasta el final. Estaba completamente
acojonado. Había pasado antes por escenas de tiros entre bandas y me había dado
cuenta de que una pistola disparada en la boca de una persona puede provocar una
muerte lenta y dolorosa.
Me estaba preguntando que era lo que iba a hacer para demostrar a Chantell que
estaba disfrutando con ello cuando, de repente, por la parte de atrás sentí que
un objeto empujaba contra mi ojete. Sabiendo que si gritaba o intentaba volver
la cabeza para ver que era, se podía disparar la pistola que tenía en la boca,
me limité a cerrar los ojos y concentrarme en asumir el dolor. El objeto de mi
culo era obviamente un objeto largo de grosor medio. Supe lo que era mucho antes
de que Chantell animara a gritos a Sheila, "Empuja con fuerza, muñeca. Fue una
buena idea no lubrificarlo antes de empujarlo dentro."
La pistola de Sheila tenía un cañón de entre 5 y 6 pulgadas (13 a 15 cm) y ya me
había metido la mayor parte de él. La idea de una bala abriéndose paso por mi
colon y mis intestinos no era una idea placentera, pero me di cuenta de que
cuanta más resistencia ofreciera mi recto, más probable era que su dedo empujara
con demasiada fuerza el gatillo. Por tanto me concentré en aflojar el esfínter.
Al poco ya lo había metido entero y después de algunos empujones y tirones más
mi agujero estaba lo suficientemente relajado para una penetración fácil y sin
obstáculos.
"¿Estás asustado, ser despreciable?" preguntó Chantell, sabiendo que no podía
contestar.
"Sí, ¿disfrutas con esta doble penetración, querido?"
"Sheila, mira que eres ligona. Apuesto a que si te estuviéramos haciendo esto a
ti ya habrías tenido un par de orgasmos hasta ahora." Sheila no contestó nada, y
pude imaginármela considerando la propuesta de Chantell.
"Vale precioso, aún no me creo que estés disfrutando con esto." Al decirlo
empujó la pistola delantera con fuerza contra mi garganta. Parte de la culata de
la pistola me golpeó con fuerza en la barbilla, pero mantuve la compostura y
seguí chupando.
Pensé para mi mismo, "Piensa, estúpido hijo de puta. Antes o después una de
ellas se va a cansar y si se le dispara la pistola esto va a ser el reino del
dolor." Caí en la cuenta de que estaba flácido como la pasta pasada. Obviamente
estas chicas querían que me pusiera a tono con todo esto antes de pararlo. A
pesar de ser violado oral y analmente por estas armas de fuego, empecé a sentir
como si me estuvieran follando. Fijé mis pensamientos en la acción de los
cañones de las pistolas y lentamente empezó a ponérseme dura.
Podía saborear y oler los vestigios de la pólvora e intenté pensar en ella como
afrodisíaco. Mientras, la pistola de mi culo entraba y salía con tanta suavidad
que finalmente empezaba a gustarme. En un poco más de dos minutos tuve la
confirmación de que la cosa marchaba cuando Chantell comentó, "Bien, bien, bien,
al sucio perro se le está poniendo una polla repugnante. Después de todo le debe
estar gustando."
El alivio empezó a fluir por mi cuerpo porque pensé que la violación podría
terminar. Sin embargo, muy a mi pesar, Channie ordenó, "Vale Sheila, puta, ponte
abajo y chúpasela, pero no dejes de mover esa pistola adentro y afuera."
El entusiasmo de Sheila podía suponerse a partir de la velocidad de sus
movimientos. Rápidamente se deslizó debajo de mí y colocó la boca en mi miembro.
Por un momento temí que sus atenciones me fueran a provocar una poderosa
erupción en el culo. Pero pronto su boca y su garganta estuvieron llenas con mi
carne y fui ajeno a todo lo demás. Me llevó menos de cinco minutos conseguir una
carga de semen, y, cuando solté la carga en la boca de Sheila, tuvo que ser mi
orgasmo más poderoso en las últimas 24 horas.
Chan me quitó el cañón de la boca y se cambió para hacerse cargo del gatillo de
mi culo, diciendo, "No sabía que el bastardo pudiera correrse tan rápido."
Sheila se tomó un tiempo para limpiar hasta la última gota de corrida, y luego
se puso junto a Channie para pasarle una carga de lengua de mi simiente. Me
volví a mirar a estas dos tortilleras durante un instante, con la pistola
todavía metida en el culo.
Cuando terminaron con el beso, Channie dijo, "Ahora me vas a decir el nombre de
la mejor pistola de alquiler que no tenga problemas éticos en disparar a alguien
por una pequeña suma de dinero."
Mi mente daba vueltas. ¿Para qué necesitaría ella un pistolero? Si iba a matarme
¿no lo haría ella misma? O ¿odiaría de verdad tanto a Bernard que iba a hacer
que le asesinaran? Pregunté en alto, "¿Para qué necesitas un pistolero?"
Sheila me agarró del pelo y me empujó la cabeza hacia atrás. "¡Contesta a la
pregunta!"
"Vale, vale. Mike Fanelli."
Sheila había levantado mi pistola y golpeó con la culata la parte trasera de mi
cabeza, gritando, "¿Es el mejor que puedes aportar?"
Veía las estrellas pero respondí "Sí, sí, es muy bueno. Solía trabajar a tiempo
parcial con la Mafia. Ahora se ha hecho independiente."
Channie se rió entre dientes ante la acción violenta de Sheila. Preguntó, "¿Qué
tal es en las vigilancias?"
"Muy bueno. He trabajado con él en el pasado y es muy profesional."
Finalmente me retiró la pistola del culo. Sheila se echó a mi lado, buscó mi
abrazo y empezó a besarme. Estaba tan aliviado que le devolví el beso. Chan lo
dejó ir durante un par de minutos antes de ordenarnos, "Vamos, puta. Levántate.
Tenemos trabajo."
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"Probablemente te estarás preguntando que coño pasa, así que déjame que te ponga
al tanto. Sheila, aquí presente, no conoce muchos detalles pero si lo suficiente
como para saber que Bernard está fuera de su vida. Le he hecho a la zorrita una
oferta que no pudo rechazar. Oh, sí, seguirá siendo una mujer mantenida, pero su
vida consistirá en darme placer y tenerme contenta."
"En cualquier caso ¿a quién le gustaba ese mojigato pichicorto," preguntó
retóricamente Sheila, refiriéndose, obviamente a Bernard.
"Cierra el pico, Sheila," replicó ácidamente Channie. Continuó, "Originalmente
iba a retirarme con mis ingresos a una villa en México después del divorcio,
pero siempre he pensado que resultaría agradable tener una segunda vivienda en
las Caimán y ahora conozco una manera de conseguirla."
Channie se relamió los labios y dijo, "Aquí es donde entráis tú y tu amigo Mike
Fanelli..."
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Hoy, el pensar en esas doce horas cargadas de sexo, siempre parece traerme a la
cara una sonrisa, y no he tenido mucho de que sonreírme en los últimos dos años
en la penitenciaría del estado. Hace dos años, Chantell había contratado a Mike
para seguirme a distancia con un rifle de gran potencia a mi espalda, mientras
realizaba su plan. Un falso movimiento por mi parte y sabía que la puntería de
Mike me provocaría una muerte rápida.
Parecía que el tal Bernie tenía debilidad por el juego y tras unas semanas en el
tema de los caballos me las apañé para ganarme su confianza. Utilizando un par
de jockeys amigos míos conseguí amañar una carrera. Sugerí a Bernard invertir en
el proyecto y se puso tan excitado que casi se corre en los pantalones. Sin que
fuera precisamente una sorpresa, alguien había informado a la policía de nuestro
proyecto antes de la reunión final. La policía había cazado antes a los jockeys
y les había ofrecido un trato por su participación en el asunto. Yo no tuve
tanta suerte. Lo mejor que pudo conseguir mi abogado fue una ganga de 5 años en
prisión con posibilidad de salir con la condicional a los 2.
Mientras, después de dos años de apelaciones y triquiñuelas legales por parte de
sus abogados, Bernie todavía estaba por pasar una noche en la cárcel. Sin
embargo, desafortunadamente, su comportamiento criminal costó al clan McLemore
una buena suma de dinero para una tal Chantell McLemore en su procedimiento de
divorcio. Los actos delictivos de Bern violaban un apartado del acuerdo
prematrimonial y Channie pudo conseguir una asignación de 30 millones de
dólares. Supongo que podía fácilmente comprarse una casa de ensueño en las
Caimán.
Cada vez que me sentaba a comer la comida de la prisión me imaginaba a Chantell
y Sheila sentadas en algún sitio bebiendo margaritas y riéndose a mi costa.
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Hoy el estado me dio 200 dólares cuando salí de la prisión. Me advirtieron
muchas veces de la obligación de ir a ver mañana a mi oficial de custodia. Me
metí directamente en un bar y le dije rápidamente hola al culo de cuatro
chupitos de burbon. Después de tres o cuatro cervezas entró un tío al bar y se
sentó a mi lado. Me llevó un rato enfocar la cara del tío, pero parecía ser Mike
Fanelli.
Con todo el sarcasmo que pude reunir dije, "Mikey, amigo. Gracias por no
dispararme hace un par de años."
"Era solo un trabajo Frank, igual que el que estoy haciendo ahora."
"¡Qué! ¿Te contrató la muy zorra para que me mataras cuando saliera?" La
sensación de borrachera me había pegado con fuerza pero no creo que hubiera
sentido ningún miedo aunque hubiera estado sobrio. La muerte hacía tiempo que no
me preocupaba.
"Vamos, Frank. Te llevaré a algún sitio mejor que este antro."
Seguí obedientemente a Mike y me llevó a un aeropuerto privado. Eché un vistazo
al avión privado y me di cuenta de que violaría mi libertad condicional si salía
del estado. Me di la vuelta para echar a correr, pero estaba demasiado bebido y
Mike era muy rápido. Me inyectó con una larga aguja hipodérmica y tardé unos
diez segundos en quedar inconsciente.
Me desperté con un tremendo dolor de cabeza en un costoso reactor privado. Era
pequeño pero tenía varios asientos, un mesa de comedor, la cama en la que estaba
y un bar muy bien surtido. Miré por la ventana y comprobé que era de noche.
¡Otra vez jodido! No había manera de que acudiera a mi cita de libertad
provisional. Tendría que pasar un mínimo de otros 6 meses con los tipos del
traje a rayas por esta mierda. Fui hacia delante y encontré cerrada la puerta de
la cabina. Una pequeña ventanilla mostraba a un piloto pelirrojo de pelo largo.
No le podía ver la cara, pero sabía que tenía que ser Sheila. Aporreé la puerta
y grité su nombre sin ningún efecto. Finalmente grité, "Necesito una aspirina."
Me volví y encontré una aspirina que ya estaba preparada para mí sobre la mesa.
Me la tomé y esperé que terminara el largo vuelo. Cuatro horas más tarde
aterrizamos en lo que calculé que sería una pequeña ciudad de la costa oeste de
México. Me puse en tensión y me preparé para saltar. Iba a conseguir algunas
respuestas, por dios. Cuando el avión se paró un gas se introdujo en el
compartimento a través del sistema de ventilación. Me cubrí rápidamente la cara
pero era demasiado tarde y perdí la consciencia.
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Tuve algunos sueños muy agradables, pero al final entré en un estado de
semiinconsciencia. Podía sentir una boca lamiéndome y besándome los huevos. De
vez en cuando unos dientes tiraban suavemente de la piel de mi escroto. La boca
se abría luego y envolvía por completos mis gónadas y luego acariciaba todo el
saco de los huevos con una lengua maravillosa. Mi polla también estaba envuelta,
pero obviamente por una boca distinta. Cada par de minutos la boca besaba la
cabeza de mi polla, y luego se deslizaba a todo lo largo de mi erección. Los
labios se sentían espléndidamente en su descenso hacia mi vello púbico. Luego,
con mi pene firmemente instalado en esta garganta, una lengua increíble se
deslizaba entre los labios y lamía la parte de arriba de mis huevos, a menudo
encontrándose con la otra boca que estaba dedicando tanta atención a mis
testículos.
Con los ojos todavía cerrados en duermevela, reconocí aquella maravillosa
técnica de mamada. ¡Sheila! Abrí los ojos y solté un gruñido de sorpresa al ver
toda una cabeza de hermoso pelo negro. La mujer levantó la cara de mi polla y se
volvió a mirarme a los ojos. Apenas susurré, "¡Channie!"
Sonrió y se subió hasta mi pecho. "Estoy contenta de que todavía quiera usar mi
apodo con afecto." Sus pezones estaban duros y se clavaban en la carne de mi
propio pecho.
Estaba atónito. Miré hacia abajo y comprobé que Sheila se estaba trabajando el
clítoris con fuerza mientras seguía lamiéndome los huevos. Mientras miraba a mi
alrededor, pude comprobar que estaba en el gran dormitorio de una casa enorme de
estilo español.
"Seguramente piensas que te has muerto y te has ido al cielo."
Asentí con la cabeza, entumecido.
"Odio pincharte el globo, pero no estás en el cielo. Conoces, tan bien como yo,
las consecuencias de violar la libertad provisional saliendo del país. Eres tan
esclavo mío ahora como lo eras cuando tenías bien metidas las dos pistolas por
tus orificios."
Finalmente caí en la cuenta de todos sus planes respecto de mí, pero en lugar de
intimidarme me enfurecieron. Me incorporé hasta sentarme y crucé la cara de
Chantell con el revés de mi mano. La fuerza del impacto la tiró prácticamente de
la cama. Sheila dejó las lamidas y me miró con asombro. Chan se sentó con fuego
en los ojos, y una gota de sangre le goteó del labio inferior.
"¿Qué te hace suponer que no pueda romperte el cuello antes de que esta furcia
pelirroja pueda apuntarme con una pistola?"
"La mamada doble," respondió Chan.
"¡Qué!"
"La mamada doble. No es la primera y estoy aquí para decirte que no será la
última siempre y cuando no me rompas el cuello."
Había tenido bastante y agarré un puñado del largo y rizado pelo negro de Chan.
La puse de rodillas y gruñí, "¡Voy a violarte zorra negra!"
Sin esperar lubricación previa empujé directo a su coño. Aulló de dolor. Pero la
volví a tirar del pelo y le respondí con unas palmadas en sus redondas nalgas.
Empezó a lloriquear, pero pronto empezó a fabricar su propia lubricación como
respuesta a mis duros y prolongados ataques. Después de dos años su chocho
estaba tan prieto como siempre. Había imaginado que lo habría tenido lleno de
tipos con pollas grandes durante mi estancia en prisión, pero ahora me
preguntaba si habría tenido sexo con alguien que no fuera la ninfa de su amiga
pelirroja.
Sheila no perdió el tiempo y se añadió al efecto colocándose debajo de Chan y
lamiendo alternativamente su clítoris y mis huevos. El prieto coño de Channie
empezó a tener contracciones esporádicas. El efecto en mí resultó abrumador.
Retuve el orgasmo todo el tiempo que pude, mientras seguía tirándole del pelo y
palmeándole el culo. Pero finalmente Channie empezó a gritar y a tener
convulsiones corporales y no pude más. Para cuando hube vaciado toda mi semilla
en su vagina volví a caer en la cama mareado. Seguí intentando recordar, pero
parecía que Chantell no solo había aprendido la excelente técnica chupadora de
Sheila sino también su propensión a los orgasmos violentos. Mientras estaba
perdido en mis pensamientos, Channie gateó por mi pecho, haciendo una pausa para
reinsertar mi picha semirígida en su coño, y puso su bonita cara junto a la mía.
Coloqué distraídamente las manos en sus suaves tetas y empecé suavemente a
estrujarlas con ritmo.
¿Quieres preguntarme alguna otra cosa, cariñito?"
"Sí, ¿no habías dicho que esto no era el cielo?"
"Lo hice y lo mantengo. Puede ser un paraíso, pero no será el cielo para ti.
Como te dije, eres mi esclavo. Por no decir que serás violado y follado y que
satisfarás montones de otras fantasías conmigo y con mi chófer, pero tendrás
algunos deberes específicos como nuestro guardaespaldas. Si pensabas que ser
investigador privado era duro vas a encontrar aún más duro protegernos durante
nuestras orgías, espectáculos de baile, y exhibiciones públicas atrevidas con
las que nos divertimos.
Hizo una pausa para dejar que asimilara sus palabras. "Y, si vas a estar fuera
de tu sitio, una rápida llamada a las autoridades mexicanas o de Caimán y
tendrás tu culo deportado de vuelta a los Estados Unidos en nada. Estoy en
buenos términos con algunos polis listillos en ambos sitios, ya sabes a que me
refiero."
La pillé por sorpresa cuando dije, "¿Chófer?"
Los ojos grises de Chantell se abrieron como platos y luego se echó a reír
mientras se bajaba de encima de mí. Colocó a Sheila a los pies de la cama, y le
retiró afectuosamente el pelo de la cara. "¿Tuviste un buen viaje hasta aquí con
Sheila?"
"Desde luego," repliqué.
Sheila había empezado a estrujar el culo de Chan y a lamer sus bonitas tetas,
mientras Channie cerraba los ojos. "Bueno, más vale que sea así. Pagué una buena
pasta en lecciones de vuelo y ahora me lleva en coche o avión a cualquier sitio
al que quiera ir. A Sheila le encanta servirme, ¿verdad mi pequeña esclava?"
A través de un bocado de teta Sheila replicó, "Mmmmm Hmmmm, sí jefa."
Estos dos bellos cuerpos, tumbado el uno contra el otro, estaban ahora mirándome
de tal manera que podía ver sus cuatro agujeros formando una línea: culo,
chocho, chocho, culo. Era un visión bella y erótica. Me detuve a considerar mi
situación, rascándome los huevos mientras tanto.
Finalmente dije, "¿Cómo dice el refrán? '¡Si no puedes lamerlas, fóllatelas!'"
Hicieron una pausa en su abrazo mutuo para volverse a mirarme, y dijeron ambas,
"¡Lámenos y fóllanos!"
Ante tal invitación sumergí mi cara en el paraíso.
**** FIN ****
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