|
|||
|
|
TODOS LOS HOMBRES NO SOIS IGUALES Usted entró en casa, como siempre yo estaba allí, desnudo y arrodillado esperando su llegada. “Buenas noches, Ama LIS”, me acerqué a cuatro patas, y bese sus pies. “Buenas noches, siervo”, su tono de voz sonaba muy cortante, parecía enfadada por algo. Por supuesto yo no dije nada, y permanecí en silencio, esperando que usted me ordenara hacer algo. “Sabes siervo?, he llegado a la conclusión de que todos los tíos sois unos cabrones” Yo no sabía que decir, así que seguí allí en silencio, un poco desconcertado por la situación. “Verás perro, tenía un amigo en el trabajo, un chico muy simpático, y divertido, con el que me lo pasaba bien. Pues verás ayer me propuso, ser novios. Yo muy amablemente y tratando de no herir sus sentimientos, le dije que lo sentía pero que ahora no necesitaba ningún novio, pero que esperaba que pudiéramos seguir siendo amigos, pues él me caía muy bien. Algo desilusionado, dijo que si, que no me preocupara, y que sentía la embarazosa situación. El caso es que hoy en el trabajo ya no existía para él, sólo me dijo buenas tardes al entrar, y buenas noches al despedirse, además noté que se estaba acercando mucho, y siendo muy simpático, con mi prima. La que trabaja conmigo, ya sabes. Dios que repugnantes sois los tíos, ayer me decía que estaba enamorado de mí, y hoy ya se le pasó todo, solo vais a vuestro interés. Intentando ir de simpáticos por la vida, a ver si alguna tonta, cae en vuestros brazos, y una vez conseguido vuestro objetivo volveros unos machistas y unos cerdos. ¿Qué tienes que decir a esto siervo? Yo estaba bastante asustado, y desconcertado por la situación, pero intenté transmitirle mis pensamientos: “Verá Ama, en este mundo hay de todo, a lo mejor ese tío era un cerdo, pero también hay hombres buenos y desinteresados”. “Puede que a lo mejor tengas razón esclavo, pero no se estoy empezando a dudarlo, tengo que reafirmar mis ideas, y quien mejor para ayudarme que mi siervo”. - “Si Ama LIS, haré lo que usted me ordene Ama LIS” Bien perro veo tienes tu collar ahí en el suelo, me gusta así, sabes como me encanta dar una palmada y que te acerques con él en la boca, y ponértelo en tu lindo cuello. PLAS (usted dio la palmada, y yo acabé con el collar puesto) Bien ahora vamos a ir a nuestra sala favorita eh? Ja ja Su risa sonaba algo perversa, nunca la había visto tan enfadada, aunque confiaba al 100% en usted, y sabía que no me haría daño. Entramos en la sala, aparentemente era una sala de estar normal, pero no era así pues era nuestra mazmorra particular. La mesa que había en el centro, podía reconvertirse en mesa de tortura, para inmovilizar al sumiso, había un armario donde usted guardaba todos los utensilios, y del techo colgaba una argolla metálica. Usted le decía a sus amigos/as que esa argolla era un regalo, un objeto decorativo, que le gustaba mucho, y lo cierto es que nadie dudaba de ello, pues quedaba muy bien en la sala. Pero tanto usted como yo sabíamos su otro uso. “Sigue de rodillas perro, pero levanta los brazos para que pueda atarte” Usted abrió el armario, y sacó una cadena y las esposas. Me puso las esposas, después enganchó la cadena a éstas, y subiéndose a una silla engancho el otro extremo de la cadena a la famosa argolla. “ummmmmm, me gusta como estás siervo, pero no sé, no me fio mucho de ti, al estar de rodillas, seguro que si salgo de la habitación, harás trampa y te intentarás poner de pie, para no estar tan estirado. Así que eso tengo que remediarlo. Volvió al armario y cogió otra cadena, y unas esposas para los tobillos. Me esposó los tobillos y engancho las tobilleras a la cadena, y nuevamente subida a la silla, el extremo de la cadena a la argolla, asegurándose de que quedara bien tirante. Mis pies quedaron elevados unos cuantos centímetros del suelo, y mi único contacto con este eran las rodillas. Mi posición era increíblemente incómoda, estaba muy estirado, pero podía ver su excitación reflejada en su cara. Y eso me daba ánimos. “Ahora si que te veo bien, esclavito, no sabes cuanto me excita verte así, pero no te quejes, que te he comprado unos juguetes muy bonitos hoy, ya verás que bien te lo pasas, los tengo en el bolso, ¿quieres verlos?” “ Sí mi Ama” Usted fue hasta el recibidor a coger su bolso, se acercó hasta donde yo estaba y lo abrió. Sacó de él una mordaza profesional, era una pelota de goma unida a una correa, para sujetarla a la cabeza. Cogió la pelota y me la metió en la boca, y acto seguido ató la correa por detrás de mi cabeza de modo que la pelota quedó firmemente puesta. Notaba que aquella pelota era bastante grande, mis mandíbulas estaban bastante abiertas, y me molestaba. “Te gusta siervo?”, yo quería decir que me molestaba que no era muy cómoda, pero lo único que alcancé a decir fue una especie de gruñido: grrrrrr “Bien, veo que si te gusta, me alegro mucho esclavito, ja ja” Después metió otra vez la mano en el bolso, y sacó 2 pinzas metálicas que estaban unidas por una cadena. Al ser nuevas estaban muy brillantes, aunque su aspecto era muy amenazador. Lentamente se acercó a mí, dio un suave masaje en mis pezones, y sin mediar palabra me las puso, una en cada pezón. Lancé otro gruñido pues el dolor era intenso, pero esperaba poder acostumbrarme a ellas. “Son muy bonitas verdad? Je je, en cuanto el chico de la tienda me las enseñó supe que te iban a quedar muy bien” “Y ahora mi ultimo regalito siervo, un arnés de castidad, estoy harta de que te empalmes sin mi permiso, esa polla tuya me pertenece, y solo yo decidiré cuando debe empalmarse y cuando no, ENTENDIDO? “ Yo asentí con la cabeza, pues no tenia otra opción para responder. Me colocó el arnés, y dio unos pasos para atrás a observar su obra. “Ummmmm, me gusta siervo, esos adornos te favorecen, es una pena que los demás no puedan verte así, porque estas realmente guapo, ja ja ja” Bueno siervo ya sabes que tienes el timbre en el suelo. (El timbre era un botón que yo podía pulsar, ya que estaba en el suelo a unos 4 cm de mi rodilla, y hacia sonar un timbre que se oía en toda la casa, y que significaba que el juego debía detenerse, pues corría peligro). Finalmente abrió el armario y vi como sacaba una fusta, y un antifaz negro, el cual me colocó rápidamente en los ojos, de modo que no podía ver nada. “Bien esclavo, te he dicho que estoy harta de los tíos?, que sois todos unos cerdos?, Necesito aliviar mi tensión, y volver a recuperar mi fe en vuestro sexo” De repente me dio un fustazo en el culo, “Te ha dolido?, bueno si no dices nada supongo que no”, y comencé a recibir una serie de fustazos en mi culo, que iban subiendo de intensidad. Perdí la cuenta, de los fustazos que me dio, solo sé que cuando paró, mi culo estaba hirviendo, notaba una sensación de fuerte quemazón. “No sabes lo bien que te sienta ese intenso color rojo en tus nalgas, yo creo que todo el cuerpo de ese color, te sentaría aún mejor. Pero bueno ahora estoy cansada, me duele el brazo de fustigarte, y me voy a descansar un poco al sillón. Hasta luego esclavo” Noté que el sonido de sus tacones se hacía cada vez más débil, y como cerraba la puerta. Yo seguía allí atado de forma muy estricta, mi capacidad de movimiento era escasa, por no decir nula, mi culo me escocía mucho, y por lo que parecía me iba a tocar estar allí solo. En aquel profundo silencio, oía su voz lejana, hablando por tlf con una amiga, charlando animadamente, incluso riéndose bastante. Después el silencio volvió otra vez. El tiempo en esa situación se hacía eterno, los minutos parecían días enteros. Notaba mi mandíbula muy forzada, pero poco a poco se iba acostumbrando a esa pelota de goma, que me impedía pronunciar palabra alguna. De repente oí la puerta abrirse, y noté como se acercaba poco a poco, hasta situarse detrás de mí. “Ummmm,veo que tus nalgas conservan este bello color”. Noté como pasaba suavemente la mano por mis doloridas nalgas, y poco a poco fue bajando, y comenzó a acariciarme la cara interior de los muslos. Lo hacía de forma muy suave, y no pude evitar excitarme. Notaba que mi pene estaba creciendo, hasta que un intenso dolor lo invadió. El arnés impedía que tuviera una erección, notaba mi pene oprimido contra el arnés, y usted seguía acariciándome consciente, del dolor que mi propia excitación me estaba provocando.”Que pasa siervo?, no veo crecer tu pene, acaso no te excito?, a ver voy a tener que acariciarte mejor porque vaya Ama que soy sino consigo excitar a mi esclavo, ja ja”, Siguió acariciándome, intensamente, y mi pene seguía allí oprimido por el arnés, provocándome un gran dolor. “Bien creo que ya basta de caricias no?, no te quejaras eh? Ja ja” ZAS, de repente una fuerte bofetada en la cara, me pilló totalmente por sorpresa, y no pude evitar que se me saltaran algunas lágrimas, aunque usted no podía verlas debido al antifaz. “Te he hecho una pregunta siervo” Moví mi cabeza a los lados en signo de negación, contestando así a su pregunta. “Bien así me gusta, es de personas maleducadas el no contestar, y no quiero tener un siervo maleducado, entendido?” Yo asentí con la cabeza. “Esta bien perro, ahora voy a seguir con tu proceso de moreno instantáneo je je”, noté como empezaba a azotarme la espalda con la fusta, no de forma tan fuerte como en el culo pues es una zona más peligrosa, pero aun así lo suficientemente fuerte como para hacer que me doliera, y que fuera dando pequeños suspiros cada vez que recibía un fustazo. Sentía que no podía mas y usted debió recibir mi petición telepáticamente pues en ese instante cesó de azotarme. “Bien siervo, ahora ya tienes la espalda igualada con el color del culo, pero aún me faltan tus muslos” Dicho y hecho, empecé a notar como me azotaba la zona que tan solo unos minutos atrás me estaba acariciando, ZAS, ZAS, ZAS,....., al rato se detuvo. “Ahora si que estas perfecto esclavo, además no sabes lo bien que viene el soltar esta tensión acumulada, ahora me voy a tomar un baño que estoy sudorosa, además con el calor que hace me va a venir muy bien, ¿no te muevas de ahí eh?, ja ja ja.” Como si pudiera moverme, pero aún así negué con la cabeza, para no recibir una nueva bofetada, por no contestarle. “Por cierto aguántame la fusta mientras estoy fuera” ¿Um? yo me quedé desconcertado, ¿cómo?, ¿con que se la iba a aguantar?, no sabia que hacer, cuando de repente usted dijo:” Ay esclavo, menos mal que tu Ama piensa en todo” Y noté como colgaba la fusta de la cadenita que unía las pinzas de mis pezones, haciendo que esta bajara por el peso, y mis pezones dolieran aún mucho más” Yo lance un gruñido cuando usted dejo colgada la fusta sobre la cadena, mi respiración se aceleró por el dolor, y usted permaneció allí unos segundos más hasta comprobar que mi cuerpo se iba adaptando a la nueva situación, y mi respiración volvía a su estado “normal”. Sin decir nada más la oí alejarse y cerrar la puerta de la habitación, pero esta vez con llave. Mi situación era realmente lamentable notaba todas las partes de mi cuerpo doloridas, bueno por lo menos ahora ya no sentía el arnés pues mi polla se había relajado ante los dolores que tenía en otras partes del cuerpo. El calor que hacía ese día de pleno verano era insoportable, y más aún encerrado a cal y canto, en aquella habitación, y con la tensión que tenía encima. Estaba empapado de sudor, en mis labios empezaba a formarse ya sal de lo reseco que estaba. Cada segundo que pasaba pensaba en pulsar el botón, y acabar con mi suplicio, pero una extraña fuerza siempre me hacía desistir del intento; tenía que demostrarle a mi Ama que era digno de ser su siervo, que no todos los hombres éramos iguales, y que estaba dispuesto a lo que fuera por hacerla feliz. No sé cuanto tiempo pasó, yo diría que 2 meses, hasta que la oí entrar por la puerta. “Veo que sigues ahí siervo, llevas una hora ahí solito, me echas de menos?” Yo asentí con la cabeza. “Bien, así me gusta, un buen perrito siempre echa de menos a su Ama, por cierto está algo cargado el ambiente, diría yo que hace calor, no te lo parece?” Nuevamente asentí con la cabeza. “Para que veas que tu Ama es muy buena, te voy a traer un vaso de agua” Puf sentí un alivio enorme, tenía una sed espantosa, me notaba muy débil, y no sabía cuanto tiempo más aguantaría allí sin desmayarme. Noté como se acercó y como me desataba la correa de detrás de mi cabeza, para quitarme la mordaza. Puf sentí un alivio enorme, aunque ahora era incapaz de cerrar mi boca, la tenía dormida tras tanto tiempo de tener aquella pelota en la boca. No era capaz de articular palabra. Después me quitó el antifaz y me la encontré allí mirándome fijamente a los ojos. Yo me quedé cortado, por lo patética que debía resultar mi situación, y sentí como me estaba poniendo totalmente rojo de vergüenza, y rápidamente bajé mi mirada al suelo. “Ja ja, tienes vergüenza siervo, ummmmm, no sabes como me gusta humillarte, cuando veo agacharse tu cabecita, te comería a besos” “Pero ahora levántala que te traigo el agua, o no quieres beber?” Yo logré articular con dificultad un “sí Ama, gracias Ama”. Entonces vi como introducía uno de sus dedos en el vaso de agua, y mojaba dulce y cruelmente a la vez, mis labios. “Vaya, están muy secos, pues si que parece que tienes sed”. Después volvió a mojar su dedo, y esta vez me lo introdujo en la boca. “Pues bebe, aprovecha mi generosidad”. Yo lamí el dedo, y todos los otros dedos que usted fue mojando y metiendo en mi boca. Cuando acabó, mi sed no se había calmado, pero por lo menos había podido lamer sus bellos dedos. “Voy a quitarte esas pinzas ya que por el color que están tomando tus pezones diría que oprimen bastante” Cogió la fusta que colgaba de la cadena, y acto seguido las pinzas. “Ahhhhhhhhhh” No pude evitar dar un grito pues el peor momento de las pinzas es cuando te las quitan, el cuerpo llega a “acostumbrarse” a ellas, y cuando te las quitan, y vuelve la sangre a los tejidos el dolor es intenso. “Bien siervo, te has portado bien, eres un gran sumiso, ahora voy a desatarte” Cuando se subió a la silla y me soltó los enganches, no pude evitar desplomarme sobre el suelo, tras estar horas en aquella incomodísima postura, el dolor al soltarme fue tan intenso, que me desplomé y me sentía a punto de desmayarme. Allí estaba yo tirado en el suelo, empapado en sudor, y con evidentes síntomas de agotamiento. Usted bajó de la silla y se puso a mi lado. Había sido el castigo más duro que había hecho hasta el momento a un sumiso, y se quedó realmente sorprendida cuando a pesar de mi penosa situación logré arrastrar mi cabeza hasta sus pies, y besarlos, como signo de sumisión total. Usted fue a por una manta para que no me quedara frío, se acercó a mí y me la puso por encima, se agachó a mi lado, y mirándome a los ojos me dijo: “Estoy realmente impresionada siervo, has aguantado muy bien mi castigo, reconozco que he sido muy severa, hasta el momento no había sido muy dura, y necesitaba hacer una cosa así para saber si realmente eras el siervo que buscaba. Estoy muy contenta contigo, y me has demostrado ser un esclavo excepcional. Efectivamente no todos los tíos sois iguales.” Tras lo cual me dio un dulce beso en la boca. FIN
.
|
|
|