DOMINACIÓN FEMENINA

 

HISHISTORIA DE UN SUMISO (capítulos 1 al 7)

CAPITULO 1

   Santiago, era una ciudad extraña, corría el año 1400 d.C. La ciudad había permanecido siempre aislada, el espeso bosque que la rodeaba, la hacía totalmente invisible a posibles invasores. Sus habitantes habían ido evolucionando por si mismos, lo cierto es que esa pequeña ciudad, parecía haber sido tocada por la mano de Dios, pues sus recursos naturales eran extraordinarios. En sus minas podía encontrarse desde hierro, hasta el metal más preciado de la época: el oro. Sus cosechas eran generosas tanto en calidad como en cantidad, además de ser muy variadas, pues se daba desde el cereal, hasta las más diversas frutas. El ganado contribuía a aumentar la fertilidad de la tierra, y de paso a suponer uno de los principales alimentos de sus habitantes.
   Al contrario de lo que sucedía en la gran mayoría de las ciudades de la época, las mujeres siempre habían gozado de casi los mismos privilegios que los hombres, ello les había permitido desarrollar los mismos oficios, y adquirir todo tipo de conocimientos prácticos. Sólo había una cosa que no podía hacer una mujer en Santiago: gobernar la ciudad.
   Poco a poco las mujeres fueron protestando contra esa ley, y tras dos años de pequeñas manifestaciones, la situación llegó a un punto límite.
   Un grupo de unas 40 mujeres asaltaron la casa de la gobernación. Iban armadas con cuchillos, herramientas de labranza, piedras, y todo tipo de material que pudiera resultar agresivo. Salieron al balcón del pueblo y amenazaron con matar al gobernador y a la gente que allí se hallaba, si no se abolía dicha ley. Aunque hay que reconocer que su protesta era más bien simbólica, pues en ningún momento pretendieron hacer daño a nadie.
   El caso fue que el ejercito de Santiago se organizó en poco más de dos horas, y comenzó su brutal ataque contra las secuestradoras. En resumen la "brillante" idea de las mujeres se saldo con: 20 muertas en el asalto del ejército, 8 ejecuciones públicas, y 12 condenas a cadena perpetua.

CAPITULO 2

   Oscar era un chico de unos 22 años, cuya familia había fallecido en un desastroso incendio, cuando el tenia unos 14 años. Tras esta tragedia, se decidió enseñar el oficio de cerrajero al chico y después se le dio trabajo en la cárcel de la ciudad.
   Oscar se encargaba de mantener a punto todas las llaves y cerraduras de las celdas, además de tener también que limpiar la cocina y los pasillos, y dar la cena a los presos.
Su relación con sus compañeros de trabajo se reducía a hola, adiós, y algún que otro comentario sin trascendencia. Era de carácter introvertido y ningún compañero sabía nada de él. Hacía su vida en la cárcel, ya que tenía una habitación con una cama y una pequeña mesa, donde escribía cosas y hacía dibujos, que después se encargaba de esconder, en un hueco de la pared para que nadie los pudiera ver.
   Santiago era un pueblo tranquilo y la gente que estaba en la cárcel, lo hacia por robos menores, o agresiones sin trascendencia; por lo que a Oscar el trabajo en la cárcel no le disgustaba en absoluto.
   Pero tras la rebelión de las mujeres todo cambió. Llegaron a la cárcel las 12 mujeres condenadas a cadena perpetua, y fueron llevadas a los calabozos situados en los sótanos de la prisión. Todos los calabozos estaban libres así que no hubo problema para aislar a cada chica en uno. Los calabozos eran extremadamente húmedos y pequeños, además de no tener ningún tipo de luz cuando la puerta estaba cerrada, por lo que permanecer allí unos días pasaba factura a cualquiera, cuanto más el tener que pasar toda una vida.
   Esa situación supuso una auténtica revolución en la relajada cárcel. Todas las mujeres estaban comprendidas en edades entre los 20 y 30 años, su juventud y vitalidad les llevó a cometer aquel asalto a la casa del gobernador, y vaya si pagaron su torpeza.
   En la cárcel no se hablaba de otra cosa, que no fuera de las jóvenes encerradas y de lo que se podía hacer con ellas. Tras una semana de reuniones, Pedro uno de los que mandaba en la cárcel, y sin duda alguna el de carácter más fuerte, propuso: -"Escuchar todos, esas mujeres se van a pudrir aquí en la cárcel, y en las condiciones en las que están los calabozos no creo que tarden más de unos pocos meses o años, así que yo creo que seria una pena que unas mujeres así se desperdicien tontamente, muchas de ellas seguro que son vírgenes, y seria una pena que murieran así, no creéis?", una carcajada general resonó en la sala.
   Desde aquel día se dio vía libre para poder follarse a las chicas. Se iba a solas o en grupo, no importaba, el caso era follar.
-"¿Que pasa, tu no vienes Oscar?, no te he visto ningún día por allí" reclamó Pedro a Oscar. "Lo que estáis haciendo me parece una salvajada, estáis todos locos, y no quiero tener nada que ver con vosotros", -"¿Que dices gilipollas?, ¿me estás insultando?" Pedro se abalanzó sobre Oscar, y comenzó un intercambio de golpes, que solo se frenó con la aparición del máximo responsable de la cárcel, que mandó parar a ambos, -"Ya basta, Pedro, déjale en paz, si no quiere venir que no venga, será maricón" (Risotada general), Oscar se fue a su habitación, y Pedro y los demás se fueron a los calabozos a divertirse un rato.
   Al día siguiente Oscar fue a visitar al gobernador de Santiago, y le comentó lo que estaba pasando en la cárcel, pero la respuesta que obtuvo fue: -" por lo que a mi respecta, a esas zorras, les pueden dar bien por el culo, no pienso interponerme, es más si estuviera allí seguro que ayudaba, ja ja".
   Oscar se sentía totalmente impotente para impedir aquella tortura. Por las noches bajaba a llevar la cena a los calabozos, la cual metía a través de una pequeña ventana que tenia en la puerta y que después se volvía a cerrar. La verdad es que la comida era asquerosa, era una especie de pasta, que ni el mismo sabia lo que era, además de ser una porción totalmente minúscula. Así que pensó en llevarles otras cosas. Al día siguiente cuando limpiaba la cocina, decidió coger unas cuantas manzanas, y unos trozos de pan reciente para acompañar el "menú".    Cuando bajo esa noche con la comida y los "extras", decidió por primera vez abrir la puerta.    Cuando abrió la primera puerta, se quedó totalmente impresionado era una chica de más o menos su edad, totalmente desnuda (algo nuevo para él), acurrucada en un rincón, y con la cara llena de suciedad producida principalmente por las lágrimas. Oscar entró en el calabozo, y se acercó hasta la muchacha, se llevó tanta impresión que solo fue capaz de articular un frágil    -"hola", la muchacha no contestó y miró hacia el suelo. "Te traigo unas manzanas y unos trozos de pan fresco, esta muy rico, ya verás, mañana por la mañana me pasaré para recoger los restos, porque si se enteran de que os he traído todo esto me matan. Hasta mañana" Oscar repitió la operación en los 12 calabozos, ninguna le habló, excepto la del calabozo numero 6.
   Prisionera -"Vete de aquí, hijo de puta, déjame en paz, ¿no habéis tenido bastante hoy?"
   Oscar - "No, perdona, es que te traigo la cena, yo no voy a hacerte nada tranquila"
   Prisionera - "Sois todos unos cabrones, no te creo, además puedes llevártela, no tengo hambre".
   Oscar - "Necesitas comer, además te he traído unas manzanas y pan fresco, ya verás que rico está"
   Prisionera -"Vete a tomar por el culo, cabrón"
   Oscar - "Lo siento, siento todo lo que están haciendo, he intentado impedirlo pero no hay manera, además el gobernador tampoco se opone, solo pretendo ayudaros. Mira te lo dejo aquí, mañana por la mañana vendré a buscarlo para que no se enteren de que os lo he traído"

   A la semana siguiente dos de las chicas habían muerto, al no poder soportar tal situación.
Pero la cosa ya no era como al principio, la verdad es que pasada la fiebre de los primeros días, ya no acudían con tanta frecuencia a violar a las chicas. La verdad es que la mayoría de los empleados eran bastante mayores y su deseo sexual no era muy fuerte. Además el hecho de que Pedro, el más violento e incitador, fuera trasladado a vigilante de la casa de la gobernación, calmó bastante la cosa.

   Oscar siguió llevando la comida y los extras, además consiguió unas velas, y se las llevaba por las noches a las chicas, para que pudieran tener luz, pues la sensación de oscuridad debía ser terrible. Para que no se asfixiaran, Oscar dejaba abierta la ventanita de la puerta abierta para que saliera el humo. Por la mañana, como siempre pasaba a recoger el material.
   Un día al entrar a llevar la cena a la chica del calabozo 6, consiguió que esta le hablara:
   Oscar - "Hola, aquí te traigo la cena"
   Prisionera - "Hola"
   (Oscar se llevó una gran sorpresa, pues las únicas palabras que había recibido de aquella chica eran insultos, y trato de iniciar una mini conversación)
   Oscar - "Hola, me llamo Oscar, si quieres puedes llamarme así"
   Prisionera - "¿Por qué haces todo esto?"
   Oscar - " No puedo soportar veros sufrir, lo que ha pasado aquí, ha sido terrible, he tratado de ayudaros, en la medida de mis pequeñas posibilidades, he intentado otras cosas, pero nadie está de acuerdo conmigo. Solo quiero haceros esto lo más llevadero posible, créeme"
   La prisionera lanzó una profunda mirada a los ojos de Oscar, el joven no tardó en ruborizarse, y agachar la cabeza.
   Oscar - "¿Como te llamas?"
   Prisionera -"Maria"
   Oscar -"Maria, es un nombre bonito. Se que suena irónico, pero me gustaría que te animaras, estoy convencido de que os van a reducir el castigo, ya verás"
   Maria-"Si, seguro, que si"
   Oscar-"Bueno me tengo que ir, descansa, ya me encargaré yo de que no bajen más a molestaros, chao"

   Al día siguiente Oscar hablo con todo el personal de la cárcel y logró convencerlos de que no había que repetirlo más. La verdad es que Oscar era muy razonable, y explicaba las cosas siempre sin sobresaltos, con tranquilidad, y de forma calmada, y lo que provocaba la sensación en quien le escuchaba, de que siempre tenia razón.


CAPITULO 3

   Había transcurrido un año desde la revuelta, y a pesar de que todo parecía estar normal, las mujeres de Santiago no eran las mismas desde aquella fatídica revuelta. Habían hablado mucho sobre eso, y sobre lo mal que lo habían organizado todo. De hecho habían estado reuniéndose en secreto y planeando concienzudamente una rebelión, pero esta vez bien organizada.
   Rocío era una chica joven, y era la que se encargaba de dirigir todas las reuniones y de tomar las decisiones. Quien lo iba a decir hace unos años. La verdad es que Rocío y Maria eran amigas desde niñas, y Maria siempre estaba intentando convencerla de que no era justo que ellas no pudieran gobernar, algo a lo que Rocío nunca dio importancia.
   Pero tras la revuelta de hacía un año, y aquella masacre, se juró a si mismo que las cosas iban a cambiar, y que iba a conseguir volver a ver a su amiga Maria, con vida.

CAPITULO 4

   Por fin había llegado el gran día, aquel 26 de febrero iba a suponer un punto de inflexión en la historia de Santiago. A las 7 de la mañana un grupo de unas 1000 mujeres armadas asaltaron el cuartel del ejército, matando a todos sus miembros (unos 100 aproximadamente) en venganza por los sucesos acontecidos el año pasado.
   Su siguiente objetivo fue la casa de la gobernación, la cual lograron controlar sin apenas esfuerzo.
   La cabecilla del plan había sido Rocío, suya había sido la idea de aniquilar en primer lugar al ejército para después poder campar libremente por la ciudad.
   Las mujeres se dividieron en múltiples grupos, que iban entrando en las casas y llevándose consigo a todos los varones mayores de 18 años.
   La cárcel no había sido una excepción y todo su personal fue reducido y sacado de allí. Tras esto bajaron a las mazmorras, abrieron las puertas y sacaron a las chicas de aquella precaria situación. Fue un momento muy emotivo, especialmente cuando Maria y Rocío se fundieron en un largo abrazo.
- "Tranquila, ya ha pasado todo, no temas, las cosas van a cambiar mucho a partir de ahora", aseguro Rocío.
   Maria se puso a llorar y pidió a Rocío que la llevara a la calle a ver la luz del sol, pues tras tanto tiempo de encierro tenía adormecidos todos los músculos de su cuerpo.
   De camino a la calle las prisioneras fueron contando a sus salvadoras, todas las atrocidades a las que habían sido sometidas. Esto incrementó la ira de las mujeres, y ayudó a las que tenían dudas de si lo que estaban haciendo era correcto o no, a convencerse de que lo que habían hecho era necesario.
   Ese mismo día sobre las 4 de la tarde Rocío, acompañada de Maria, salió al balcón de la casa de la gobernación a informar de la situación:
" Queridas ciudadanas de Santiago, por fin lo hemos conseguido, por fin vamos a poder gobernar, la situación era insostenible, lo que sucedió hace un año fue una auténtica barbarie. Además no sabéis lo que han sufrido nuestras compañeras en la cárcel, han sido sometidas a todo tipo de vejaciones, y eso es imperdonable. Pero a partir de ahora las cosas van a cambiar, las mujeres vamos a mandar, y los hombres sólo tendrán dos opciones: obedecer o morir.
   Voy a ir nombrando todas las reglas que se van a ir adoptando:
- Primero: Nosotras somos las que mandamos, y tenemos el control sobre ellos.
- Segundo: Mañana recompondremos la ciudad de todos los desperfectos de la batalla. Hay que dejar Santiago limpio y acondicionado para nuestro gobierno.
- Tercero: Pasado mañana a las 12 del mediodía tendrá lugar la ejecución pública de todos los miembros de la cárcel, por todas las atrocidades que han cometido.
- Cuarto: A partir de ahora podéis expresar vuestras denuncias sobre cualquier maltrato sufrido, o denunciar al hombre que sea por algo que os haya hecho. Y será ejecutado sin mayores preguntas.
- Quinto: Todos los hombres que queden, dormirán en la cárcel y pasarán el día trabajando en las minas y en el campo, siempre bien atados y vigilados, para que no intenten nada, a partir de ahora a ese grupo social se le llamará : los trabajadores.
- Sexto: La semana que viene tendrá lugar la subasta de esclavos. Cada mujer tendrá derecho a tener 2 esclavos, que podrá utilizar del modo que ella quiera, sin tener que dar ningún tipo de justificación de lo que hace con ellos. A ese grupo social se le llamará: los esclavos.
   Los que no sean elegidos por ninguna mujer seguirán perteneciendo al grupo de los trabajadores, y por lo tanto cumpliendo todo lo mencionado en el punto quinto. Todos los jóvenes al cumplir 18 años pasarán automáticamente, a formar parte de dicho grupo.
- Y por último, todos los días 1 de cada mes, tendrá lugar la subasta de esclavos.
   Por ahora nada más, podéis pasar por la casa de la gobernación a presentar vuestras denuncias y procederemos de inmediato con la ejecución de los elegidos."

   María estaba impresionada, no se podía creer lo que había cambiado Rocío en un año. Se alegraba de que por fin hubiera entrado en razón, y compartía con ella todas las medidas adoptadas.
   Hubo unas 50 denuncias, y esos hombres fueron ejecutados allí mismo.

CAPITULO 5

   Todo prosiguió según lo acordado, y llegó el día de la ejecución pública de los carceleros. Éstos habían sido recluidos a parte, para que no se mezclaran con los demás y no se les perdiera el rastro.
   Se colocó un palco provisional en la plaza de Obradoiro (principal plaza de Santiago), y allí fueron llevados los 15 prisioneros. Se les obligó a juntar las piernas y con cuerdas se les ató por los tobillos, también fueron obligados a estirar los brazos y fueron atados por las muñecas a una viga que estaba sobre ellos. Estaban atados de una manera muy estricta, y estaban tan estirados que se veían obligados a ponerse de puntillas, para poder tocar el suelo.
   Maria y Rocío se acercaron al palco, y esta vez fue María la que tomó la palabra:
"Hola a todas, estamos aquí para que estos cabrones, paguen por lo que nos han hecho, creedme que van a desear morir cuando el intenso dolor les empiece a afectar. En primer lugar vamos a empezar con una serie de 50 latigazos que van a impartir 3 voluntarias. ( Tres mujeres saltaron al palco y recibieron los látigos para empezar con la diversión). - Uno ¡ZAS!, Dos ¡ZAS!, Tres ¡ZAS!,...., y cincuenta ¡ZAS!. Los gritos de dolor de los prisioneros eran muy intensos.
   Bueno tras estas suaves caricias en la espalda, vamos a acariciarles otras partes."
   María se dirigió al primer desdichado, cuchillo en mano, y comenzó a juguetear con los genitales del hombre, el cual suplicaba una y otra vez pidiendo clemencia. Pero Maria no tuvo piedad, y de un seco movimiento corto los genitales del hombre, cuyos gritos se debían escuchar a unos 300 km. La joven repitió la operación, sucesivamente con los demás, en ocasiones estos suplicaban, y en otras sabiendo que no había remedio, la insultaban y escupían.
   Así María llegó al décimo hombre. Por su cuerpo fibroso apreció que era mucho más joven que el resto. Su cabeza estaba agachada, mirando al suelo, y para sorpresa de María no decía ni una palabra.
- " A ti que te pasa, ¿eres mudo, imbecil?", mientras decía estas palabras, cogió de los pelos al joven tirando hacia arriba, y obligándole a levantar la cabeza, consiguiendo así verle la cara. Se quedó paralizada, pues dicho joven era Oscar, el chico que las había ayudado en la cárcel. (La verdad es que con todo el jaleo que se había organizado, y lo revuelta que estaba la situación, se había olvidado completamente de él.) Hubo un ligero cruce de miradas, pero Oscar acabó bajando la vista, siempre en silencio. Maria cogió el cuchillo y cortó la cuerda que le ataba las manos a la viga, cayendo este desplomado al suelo, pues tenia los tobillos atados. Al caer boca abajo, la chica pudo comprobar que la espalda de Oscar estaba cubierta de sangre, con profundos cortes, provocados por los latigazos.
-" ¡Pero, ¿que haces?!" - reprochó Rocío.
- " A este chico le conozco, nos ha ayudado cuando estábamos en la cárcel, y no se merece esto"
- "Esta bien, que te ayuden a llevarlo a la curandera, ya sigo yo con estos cerdos"

CAPITULO 6

   " He hecho lo que he podido, las heridas eran muy profundas, hemos tenido que cicatrizarlas con una espada al rojo vivo, pero tranquila en un par de días se recuperará. Las marcas permanecerán de por vida, pero no le quedará ninguna secuela"- comentó la curandera.
   María decidió llevarlo a su casa, para poder atenderle. Tras casi dos días de sueño Oscar se despertó. No sabia donde estaba, tenia la impresión de haber vivido una pesadilla, pero una sensación de quemazón en la espalda, le dijo que había sido real. Se incorporó, y se sentó sobre la cama. La puerta de la habitación se abrió, y Maria y Rocío, entraron en la habitación. Oscar se llevó un susto de muerte al verlas, y no se atrevió a cambiar su posición se quedó así sentado en la cama. "Hola, que tal estás?"- dijo Maria -"Bien, gracias, la espalda me quema un poco, pero me encuentro bien, Maria" contesto el joven. María se había quedado sorprendida pues el chico recordaba su nombre, a pesar de todo. "Mirar se que no tenéis por que creerme, pero os juro, que yo no he hecho nada nunca en contra vuestra, siempre me he opuesto a lo que os hacían en la cárcel, he intentado ayudaros en la medida de mis posibilidades, se que apenas era nada, comparado con vuestro sufrimiento, pero era lo único que podía hacer." las palabras de Oscar sonaban muy sinceras, algo entrecortadas por el miedo y los nervios. Pero ni Rocio, ni Maria dudaron en ningún momento de que decía la verdad.
"Te creemos Oscar, pero la situación ha cambiado mucho, ahora no hay hombres libres, se que a veces pagan justos por pecadores, pero la vida es dura, y hay que afrontarla, no podemos hacer una excepción contigo y tendrás que formar parte del grupo de los trabajadores o de los esclavos, si te elige alguien, de todas maneras podrás quedarte aquí un día más, mañana te llevarán a la cárcel". - informó Rocío.

   Oscar no vario su gesto, pues sin duda sabía que él no iba a ser una excepción, simplemente asintió con la cabeza, y pidió por favor algo de comer ya que hacía más de 4 días que no probaba bocado.
   "Si, no te preocupes, ahora te traemos algo", las jóvenes salieron de la habitación, y se dirigieron hacia la cocina, una vez allí María se dirigió a Rocío:
   " Mira Rocío, se que no podemos hacer una excepción con él, pero hay que tener en cuenta que en la cárcel, mezclado con los demás no duraría nada, cuando vean las marcas en su espalda, sabrán que era uno de los carceleros y le culparán de la situación actual. No dudarán en matarlo, hazme caso."
   " Se que tienes razón, pero las leyes son las leyes, y hay que dar ejemplo. Un momento, se me está ocurriendo una cosa. Por que no lo coges como esclavo, eh María?, parece dócil, y no creo que te de muchos problemas"
   Maria aun no había pensado en nada sobre los esclavos, la verdad es que nunca se había planteado tener uno, pero sin duda alguna era la única manera de que Oscar no muriera.
"Esta bien, tienes razón, es la única forma, y además no creo que sea muy agotador eso de tener un esclavo" (Ambas jóvenes se rieron a la vez).
   Maria entró en la habitación con la comida de Oscar y dispuesta a informarle de las medidas adoptadas.
   " Mira Oscar, he estado pensando, y creo que en la cárcel no durarías ni media hora, el resentimiento que tienen el resto de los hombres, es muy grande. Así que creo que lo mejor para ti, es que seas mi esclavo. Yo no seré cruel contigo, la verdad es que aún no tengo claras las funciones que te voy a asignar, pero sabes que tendrás que obedecer, seas las que sean".
   Oscar asintió con la cabeza,
   "Muchas gracias Maria, por esta oportunidad, lo único que se hacer es arreglar cerraduras, así que tendrás que enseñarme cuales serán mis funciones a partir de ahora. La verdad es que no se como voy a responder, a lo mejor soy un patoso y no valgo para nada, pero quiero que sepas que todo lo haré siempre con mi mejor intención, poniendo todo mi empeño en ello, no quiero defraudarte."
   Maria se quedó verdaderamente sorprendida con las palabras de Oscar, si tono de voz como siempre era muy suave, y se notaba que sus palabras no formaban parte de un discurso o de una improvisación, si no que realmente sentía lo que decía. Había algo especial en ese chico, a pesar de su juventud y de todo lo que le había pasado a lo largo de su vida, era increíblemente maduro y sensato. La verdad es que Maria le sonrió tímidamente, y le dijo " Se que lo harás, tranquilo.    Por cierto si te preguntas donde estás, esta es mi casa. Mañana por la mañana comenzaremos ya de una forma oficial. También te leeré las normas y las reglas que tendrás que cumplir, así como los trabajos a realizar. Así que hoy descansa, por la noche te traeré la cena, hasta luego."

   A la mañana siguiente cuando Oscar se despertó, lo primero que vio al abrir los ojos fue la figura de Maria, sentada en una silla.
"Buenos días, estaba esperando a que te despertaras para contarte todas las normas" comentó la chica.
"Buenos días" Oscar se incorporó quedando con las piernas estiradas y la espalda apoyada en el cabezal de la cama.

   "Bueno mira, ahí va cuanto antes acabemos con esto mejor. En primer lugar quiero que sepas, que las normas que había pensado para ti no eran tan estrictas, lo que pasa es que después si sales algún día a la calle, las cosas serían diferentes. Entonces para que no tengas que tener dos conductas diferentes he decido, que en casa también cumplirás las reglas generales. Las reglas son estas:
1) Siempre andarás desnudo, los hombres no deben ponerse ropa, como signo de humillación.
2) Nunca podrás hablar por iniciativa propia, solo contestarás a lo que yo te pregunte, de todas formas voy a permitirte que me cuentes lo que quieras antes de que me vaya a la cama.
3) Siempre acompañaras tus palabras hacia mi de la palabra AMA.
4) Esta casa es la del antiguo gobernador, no es muy grande, pero esta muy bien. Puede decirse que es un mini palacio. Pues quiero que lo tengas siempre limpio.
5) A las 10 de la mañana quiero tener mi desayuno preparado en la mesa, a las 3 la comida y a las 10 la cena.
6) Esta será tu habitación, aquí dormirás.
7) Como signo de buena voluntad, voy a permitirte que vayas libre, es decir no llevarás ningún tipo de atadura en ninguna parte del cuerpo, que dificulte tus movimientos.
8) Siempre acudirás a mi llamada, dejarás todo lo que estés haciendo si decido llamarte.
9) No tendrás que preocuparte de ninguna otra persona, tan solo de mi, es decir ninguna otra mujer puede obligarte a nada, porque tu eres mío, y solo a mi me debes obediencia.
10) Por último, estoy dispuesta a pasar por alto, o no ser muy severa con tus torpezas, especialmente al principio. Pero no voy a consentir ninguna desobediencia, en cuanto me desobedezcas, serás llevado con el resto de los esclavos, que sería como firmar tu propia muerte.
Has entendido todas las normas?"

   Oscar asintió con la cabeza, y respondió con un "si AMA". Maria realmente estaba sorprendida con lo rápido que aprendía el muchacho.
"Ah, antes de que se me olvide, mañana va a tener lugar la primera subasta de esclavos, así que esta tarde tu y yo iremos a dar un paseo por las calles, para que las mujeres vayan asimilando eso de que es tener un esclavo".

CAPÍTULO 7

   ¿Estas preparado esclavo?, Oscar asintió con la cabeza. Estaba de pie totalmente desnudo, mirando al suelo. Los coloretes de su cara indicaban la vergüenza que estaba pasando.
"Vaya, eres muy alto, no va a quedar muy bien que tu vayas más alto que yo, así que ponte de rodillas." , Oscar obedeció la orden de su AMA, y notó como esta le ponía alrededor del cuello un collar, del cual salía una cuerda que iba a parar a la mano de Maria. "En este collar pone tu nombre, y a quien perteneces. Debes llevarlo siempre puesto, será tu signo de identificación.    Bueno ahora vamos a bajar a dar una vuelta por el pueblo, que las mujeres ya deben de estar ansiosas por ver al primer esclavo oficial".
Andando a cuatro patas, Oscar se desplazaba lentamente, siempre guiado por la correa de su AMA. Al salir a la calle se pudo ver la gran expectación que había suscitado ese acto de presentación. Las calles estaban llenas de mujeres a ambos lados de los caminos deseosas de ver la situación.
   AMA y esclavo caminaban lentamente por cada una de las calles de Santiago, Maria saludaba a sus conciudadanas, y sonreía. De vez en cuando tiraba de la cadena y obligaba a Oscar a detenerse. Este siempre miraba al suelo, de vez en cuando levantaba ligeramente la vista, y podía reconocer a alguna de sus antiguas vecinas, volviendo inmediatamente a bajar la vista.    Las carcajadas entre las mujeres eran generales, otras increpaban al joven insultándole, y las menos simplemente se limitaban a observar la situación.
   Este suplicio duró, alrededor de una hora, para después dirigirse a la plaza de Obradoiro, donde iba a tener lugar el discurso acerca de los esclavos.
   Una vez llegaron a la citada plaza, Maria y su esclavo subieron al palco. Maria ató la cuerda a una gruesa viga que allí había, pronunciando en voz alta estas palabras ¡No te muevas de aquí esclavo !, entre las risas de las mujeres presentes.
Maria comenzó entonces con su discurso acerca de los esclavos:
" Queridas amigas, creo que ahora podéis haceros a la idea de lo que es tener un esclavo. A continuación os voy a decir unas pequeñas normas a tener en cuenta:
1) Como ya mencionó Rocío en el primer discurso, cada mujer mayor de 18 años, tendrá derecho a tener dos esclavos.
2) Todos los esclavos deberán llevar puesto un collar, en el cual se indicará el nombre del esclavo y su propietaria.
3) Cada mujer puede usar al esclavo a su antojo y si ningún tipo de control. Solo hay un límite: la muerte. Es decir ninguna mujer puede matar a un esclavo. Si realmente desea matarlo, deberá acudir a la casa de la gobernación e indicar allí el motivo que ha originado dicha decisión. Un comité se encargará de verificar los hechos, y de decidir si ese esclavo debe morir o no.
4) Mañana por la mañana tendrá lugar la primera subasta de esclavos. La puja se hará con monedas de oro. La mujer que aporte la mayor cantidad de monedas de oro, será la que se llevé al esclavo. Las mujeres que no posean oro, podrán elegir entre los sobrantes.
5) Y como ya sabéis, todos los días 1 de cada mes tendrá lugar una nueva subasta.

   Gracias a todas por venir, y suerte para mañana."
   Maria acudió entonces a desatar a su esclavo, y como culminación al acto se dirigió con él hasta el borde del palco, a saludar a todas las congregadas.
   La humillación que sentía Oscar era enorme, dentro de su cabeza resonaban todos los gritos de esas mujeres, en su mayoría insultándole :" ¡Perro! ", "¡ te lo mereces! ", "¡Ahora os vais a enterar!", y otro tipo de cosas más desagradables si cabe. El joven estaba muy tenso, y como tenia prohibido el poder hablar, decidió intentar otra forma de comunicación, y muy suavemente juntó su mejilla a la pierna de su AMA, comenzando a frotar, de forma muy lenta su mejilla contra la pierna de Maria. Ésta se dio cuenta del contacto, y por el gran calor que sentía en su pierna, notaba que Oscar estaba muy nervioso. Siempre de pie y firme, bajó su brazo derecho y lo puso sobre la cabeza del chico, acariciándole suavemente el pelo, poniéndole la palma sobre la otra mejilla. Pudo comprobar así, el temblor del esclavo. Lo que produjo que se despidiera definitivamente, de las mujeres, y se fuera con su siervo a casa.
   Al llegar allí María, le pregunto al aún asustado esclavo, que que tal se encontraba, a lo que este respondió : "Mejor AMA, gracias por traerme a casa AMA, estaba muy tenso, creí que me iba a desmayar AMA".
" Se que ha sido duro esclavo, sobre todo por que es el primer día, y todo es nuevo. Me alegro de que hayas utilizado ese método en vez de hablarme, pues me hubieras dejado en evidencia, y no se que hubiera hecho, seguramente te tendría que haber castigado, públicamente". comentó María.
   Oscar sabia eso perfectamente, por eso hizo lo que hizo, además al juntar su mejilla contra la pierna de su AMA, había sentido una sensación de seguridad. Se sentía protegido por su AMA, y sabía que esta no iba a permitir que le ocurriera nada.
"Bueno hoy a sido un día intenso, así que puedes irte a dormir esclavo, que mañana tienes que comenzar con tu rutina diaria".
"Si AMA, buenas noches AMA".

 

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