DOMINACIÓN FEMENINA

 

Disfrutar de este maravilloso relato enviado por un fiel lector de la página.

Autor: Ulises

e-mail: ulisesvdsm@hotmail.com

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   Era una tarde cualquiera, el Sol caía lentamente sobre el horizonte, impregnado de un rojizo rubor que se reflejaba en las fachadas de los edificios cercanos, en la calle el discurrir de vehículos y peatones era monótono y acelerado, pretendiendo ir hacia algún lugar pero a lo mejor, quien sabe, dirigiendose hacia ninguna parte; yo estaba apoyado junto a la ventana, indiferente al barullo que se producía allá abajo, con la mirada perdida en el enrojecido horizonte; repentinamente un estruendoso bocinazo me despertó del absorto estado en que me encontraba, abandoné la ventana y me dirigí hacia el interior; "ELLA" no tardaría en llegar y todo debía estar correctamente dispuesto.

   Sobre una mesa iba colocando todas sus fustas y sus látigos, tomándolos con religiosa devoción, con suma delicadeza, como si estuvieran hechos de porcelana y a la más mínima brusquedad pudieran quebrarse, y así continué con todos los instrumentos que mi Ama pudiera necesitar; concluida mi labor me desnudé completamente, me arrodillé sobre la amplia alfombra y esperé; aparentemente estaba tranquilo y relajado pero mi corazón no paraba de acelerarse, presa de un intenso anhelo. Ante el sonido de la puerta, abriéndose y cerrándose, y luego el de sus tacones al avanzar por el pasillo mi corazón ya iba lanzado a toda velocidad; "ELLA" por fin entró en el salón y el sonido de sus tacones cesó repentinamente ahogado por la alfombra; un lacónico "Buenas tardes mi esclavo" y un leve roce de sus dedos sobre mi cabello fueron su saludo, pasando de largo sin apenas prestarme atención, yo con la mirada dirigida hacia el suelo le conteste: "Buenas tardes Am…….", no pude terminar mi saludo pues un imperativo "¡Silencio!" me lo impidió, sonando tan seco y tan contundente que sumado a su casi indiferente saludo rompió por completo mi excitación.

   Reconozco que su indolencia me había dejado un leve poso de decepción, pero que apenas llego a durar mucho tiempo, en cuanto se acerco y me coloco su fusta preferida en la boca, "Cuida bien de ella querido, ahora mismo vuelvo", me dijo en tono burlón; la espera se me hizo eterna, supongo que era lo que mi Dueña y Señora pretendía, pero al percibir nuevamente el sonido de sus tacones volví a ser presa de una intensa excitación, mi larga espera llegaba a su fin. Se acercó a mí lado y al contemplar el oscuro brillo de sus botas una dulce sensación de docilidad y entrega se adueño de mí, estaba dispuesto para lo que "ELLA" desease, me retiró la fusta de la boca y me dijo: "Así me gusta perro que cuides y trates bien mis cosas", e inmediatamente me ordenó que me pusiera en pie, lo que hice sin dudar y siempre con la mirada clavada en el suelo; "¡Mírame!", me volvió a ordenar, alce la vista y pude contemplar toda su espléndida belleza; tan solo llevaba puestas unas botas altas de un brillante y luminoso negro y unas braguitas también de color negro, con su larga melena oscura suelta sobre sus hombros y su espalda, y una triunfante sonrisa que la iluminaba todo el rostro; aquella visión me desbordaba, estaba bellísima en esa especie de divina lascivia.

   Tomó uno de mis brazos y con su otra mano alcanzó unas esposas que había en una mesa cercana, me esposo los brazos a la espalda y me contempló un momento, "Té falta un detalle", y dicho esto se despojó de sus braguitas, las dio la vuelta e hizo una especie de bola con ellas, procurando que la parte más en contacto con su intimidad ocupara la mayoría de la superficie de la misma y me la introdujo en la boca, "Antes de ir a la lavadora todavía pueden hacerme un buen servicio, ¿No crees, mi esclavo?", dijo con malicioso sarcasmo; naturalmente yo no hice nada por oponerme, primero porque consideraba aquello todo un privilegio y segundo no me hubiera servido de nada negarme, "ELLA" me la hubiera introducido igual y no creo que de las mejores maneras.
 

   Estaba frente a mí brillante, retadora, magnífica; acariciando con sus largas y rojas uñas mí pecho, se detuvo en mis pezones pinzándolos con las puntas de sus uñas combinando pellizcos y masajes, repitiendo la misma operación sobre mí pene, la erección fue inevitable, al contemplarla "ELLA" me dijo: "¿Acaso me estas insinuando que quieres que juegue más con tu polla?, ¡pobrecito! cómo no puede hablar me lo tiene que decir por señas, pues si mí querido esclavo quiere jugar ¡jugaremos!"; se coloco detrás de mí pegando su cuerpo contra el mío, con el brazo izquierdo me rodeo y con el derecho tomo su fusta y comenzó a darme pequeños azotes sobre mí erecto miembro. El sentirla tan junto a mí me excitaba aún más pero era algo superior a aquello, era un estremecimiento casi celestial, la llegaba a sentir dentro de mí; mientras los azotes eran cada vez más intensos y continuos, concluyéndolos cuando lo consideró suficiente, a continuación tomó unas pinzas y me las colocó en los pezones, "Todavía me sobran algunas y es una pena no utilizarlas, ¿Dónde las podríamos poner?"; dicho esto y sonriendo más perversa que nunca se dedicó a "adornar" mis genitales y continuo "jugando" con mi pene; el dolor, inexorable, ya me invadía por completo y mi Ama aún tenia más caprichos por satisfacer.


   Me liberó de las esposas, pero no por mucho tiempo, luego me ordeno enaltecida: "Adórame esclavo", me arrodillé y extendí el tronco hacia delante, sintiendo un agudo dolor al apoyar mí pecho contra el suelo a causa de las pinzas, extendiendo los brazos en la misma dirección, que volvieron a ser esposados y manteniendo las piernas arrodilladas, dando muestra así de mi adoración por "ELLA"; desde su altura, inalcanzable para mí, me contempló, "Así me gusta, ver tu culo ofreciéndose a mí para que lo goce como me apetezca", y dicho esto lo azotó sin miramiento ninguno; la fusta golpeaba mí trasero una y otra vez, en la sala únicamente se oía aquella cruel y dulce melodía que creaba la fusta, primero en el aire y luego contra mí cuerpo, yo cerraba los ojos en un vano intento por mitigar el agudo dolor pero era imposible, con fuerza agarraba con mis manos la alfombra en otro intento inútil por exorcizar aquel tormento.    

    Mi cuerpo temblaba y sentía unas increíbles ganas de llorar, no sé si por el dolor o por la intensa emoción que sentía o por ambas cosas a la vez y me las aguantaba a duras penas, solo por no decepcionar a mi Dueña y que viera que aguantaría cualquier castigo, por duro que fuera, para su mayor placer y gloria.
Cuando quedó satisfecha detuvo el castigo y yo, desde mi interior, le agradecía infinitamente que hubiera parado; dejó que me repusiera, tan solo unos fugaces segundos, y me volvió a esposar los brazos a la espalda, dejando que permaneciera en la misma postura en la que estaba; se arrodilló detrás de mí y comenzó a acariciarme mi enrojecido culo con sus manos; lo que en condiciones normales podrían ser unas suaves y delicadas caricias ahora eran un refinado tormento, pues el escozor y el ardor que sentía no daban pie a ninguna delicadeza; a pesar de ello me volví a empalmar y no solo por la intensa mezcla de dolor y placer que aquella tortura me producía, sino, sobretodo por la perversidad que mi Ama demostraba con aquella mala idea. Pero estaba claro que "ELLA" tenia el día especialmente sádico y se dedicó a acariciarme, esta vez con las uñas, suave al principio y progresivamente con más fuerza y aunque en un primer momento agradecí su "bendita crueldad", al sentir como mis nalgas ardían cada vez más comencé a suplicarla, siempre desde mí forzado silencio, que parara, lógicamente no tenia ninguna posibilidad de ser escuchado y si lo fuera, dudo mucho que mí suplica fuera aceptada. Combinaba las más suaves caricias con los más desgarradores arañazos, ahora suave, ahora fuerte; sentía morir cuando me clavaba las uñas y luego revivir al sentir la palma de su mano, a pesar del intenso escozor que esta me producía; así permanecí lleno de desesperación hasta que "ELLA" decidió concluir el tormento.

   Me dio la vuelta y quedé tumbado boca arriba y al sentir el contacto de mis nalgas con el suelo volví a ser presa de aquel ardiente dolor, "ELLA" se limitó a sonreír y me dijo: "Voy a liberarte de las pinzas, creo que ya has tenido suficiente"; casi ya no me acordaba de las pinzas, no solo por haberme acostumbrado a ellas, sino porque el intenso tormento sobre mi trasero había hecho que me olvidara del resto de mi cuerpo; pero era consciente de que esta "liberación" iba a ser sumamente dolorosa y esto se reflejaba en la expresión de temor de mis ojos, "ELLA" se percató de esto y una viciosa sonrisa iluminó su cara, "¿No sé por donde empezar? ¿quizás esta?" y quitó una de los testículos, "Y ahora podría ser esta otra" soltándola de la misma parte, "¿Cómo te sientes mi amado esclavo?, pobrecito sigues sin poder hablar, pero a pesar de todo te expresas muy bien, como lo harás ahora", y me quitó otras dos seguidas, una de ellas de uno de los pezones, nuevamente lleno de desesperación, volvía a rogarla desde dentro de mí que acabara con aquel ensañamiento que no alargara tanto mi "liberación"; pero mi Ama continuo con el sádico juego y me acariciaba y me susurraba y cuando menos lo esperaba me quitaba otra, continuando hasta que quedó una sola que me aprisionaba el pezón izquierdo, "¿Te la dejo aquí puesta o te la quito?, ¿no sé que hacer?" me decía sonriendo burlona y malvada; y yo hacia esfuerzos sobrehumanos para que entendiera que por favor me la soltase de una vez, que no jugara por más tiempo de esta cruel manera conmigo.

   Al final decidió soltarla, eso si con calma, despacio, haciéndomelo desear y cuando más pendiente estaba de suplicarla, concentrando todas mis fuerzas en mi mirada, me la quito de repente y a pesar de ser la más dolorosa de todas el alivio que sentí no tenía precio; "ELLA" me sacó las braguitas de la boca y me dejó allí tirado, vencido y agotado, pero feliz de haber recibido su amor de Diosa.

   Habrían transcurrido apenas unos escasos minutos cuando oí su voz ordenándome autoritaria: "Esclavo ponte de rodillas frente a mí", yo me incorporé a duras penas y de rodillas me quedé ante "ELLA"; me volvió a ordenar que la mirara y alzar la vista la vi soberbia, majestuosa, con su intensa mirada traspasándome por entero, sentada en el sofá con sus piernas abiertas mostrando su sagrado Monte de Venus, "Quiero que vengas hacia mí y te quedes aquí" dijo señalando con la fusta el espacio que había entre sus piernas. Caminé de rodillas hacia "ELLA" lenta y torpemente, estaba tan débil que apenas podía mantenerme en esa posición y acabé dándome de bruces contra el suelo, "Levántate y continua, no me hagas esperar", me mandó, indiferente a mi penosa situación; cuando por fin llegué junto a "ELLA" su adorable coño estaba abierto y babeante, "Comienza a lamerlo", me ordenó y yo de inmediato me dispuse a obedecerla, lamiendo aquel sacro lugar, cumpliendo todas las indicaciones que mi Ama me daba, poniendo todo mi empeño, toda mi sensibilidad, toda mi fe y mi devoción por mi Diosa, en satisfacerla; "ELLA" gozosa me ordenaba que no parara, que continuara sin descanso y yo obedecía lleno de felicidad, una felicidad que aumentaba cuanto más aumentaban los gemidos de placer de mi Dueña; yo lamía, escarbaba, succionaba, para luego embriagarme con el divino y sagrado liquido que no cesaba de brotar de aquel dulce manantial.

   Cuando "ELLA" quedó saciada aparto suavemente mi cabeza y tomándola con sus dedos por la barbilla la levanto ligeramente, su expresión ahora era dulce y serena pero sus ojos seguían brillando con fuerza, una fuerza distinta pero igual de dominante y subyugante; en ese momento toda la emoción contenida hasta ahora me venció y no pude evitar que las lagrimas brotaran de mis humedecidos ojos y surcaran veloces mis enrojecidas mejillas, "ELLA" al verlo me dijo llena de ternura: ¿Tan duro ha sido? y yo le contesté tembloroso: "Es que soy tan feliz a tu lad……..", no pude decir más pues me tapo suavemente la boca con sus dedos, luego recostó mi cabeza sobre su pecho, me rodeo con un brazo, con la otra mano me acarició el cabello y así quedamos los dos, casi quietos e inmóviles, sin decir absolutamente nada y diciéndolo absolutamente todo.

   Toda la estancia quedó sumida en un profundo silencio lleno de paz y de calma, de una calma tan intensa que llegaba a resultar escandalosa en comparación con el bullicio del exterior; por que allá abajo, en la calle, ya había anochecido y el discurrir de vehículos y peatones era monótono y acelerado, pretendiendo ir hacia algún lugar pero a lo mejor, quien sabe, dirigiendose hacia ninguna parte.
 


FIN

 

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